Todos le teníamos miedo. La visitábamos en su solitaria casa colonial, desde donde reinaba el universo en su trono imaginario, entre una y cuatro veces al mes, siempre un domingo. Mis papás me daban la funesta noticia en las mañanas, en las que casi no podía respirar por la tensión. Si hasta las doce no decían nada, sería otro glorioso domingo sin verla y solo ahí podía permitirme tomar un hondo respiro y luego planear deliciosamente en qué matar el día.
Pero hoy simplemente no, " Nicolás alístate que iremos a ver a la Mamita" Claro, el diminutivo de mi Maldita Miseria, mi bisabuela paterna. - Ya voy - No me molesto en esconder mi desencanto, en la casa es soberano y general. Nadie quiere verla, pero esa frase que me sabe a condena, hasta mi mamá que intenta inyectarle dulzura en vano al pronunciarla parece detestarla profundamente. ¿Por qué vamos entonces? La vez que mi cruel inocencia de niño me permitió preguntar eso a quemarropa frente a la Mamita me gané un inmediato manotazo de furia de parte de ésta y una reprimenda en casa. La verdad es que las palabras, aún gritadas, no son nada comparadas a sus palabras; y los golpes son ridículos frente a sus golpes. Y no es que golpee fuerte, es su presencia, es una cosa de qué me petrifico y sudo frío y no puedo pensar más que en sus palabras en forma de saetas y su mirada tétrica que me arroja a la nada; la sensación desesperante de estar como ausente, pero no tanto como para que ella de pronto no me note y deje de descargarse en mi. Y no hay cosa que me enerve más que la aprobación tácita que todos parecen conferirle en cada escena que protagoniza, esa casi satisfacción secreta de todos los familiares, que por lo bajo le clavan puñales entre los pechos, ahí, más a la izquierda, justo donde duele, justo donde mata; a un muñeco; real o metafórico; de ella nuestra Mamita.
Detestada y todo, hallan la forma de excusarse para volver y volver. No importa si la Mamita le pegó con el bastón de mango de plata al bebé de 8 meses para enseñarle a "respetar el orden de las comidas en la mesa" porque cogió ensalada durante la sopa o postre durante el segundo. No importa si la Mamita asegura a toda voz que la mujer que escogió el nieto de turno para casarse es una puta de mala estirpe frente al desconcierto de esta; o es sosa y sin gracia ¿y de que conventillo la sacaste? no te vaya a pasar la cuenta ser tan caritativo con estas pobres mujerzuelas. ¿Qué me ha dicho? Ya te explico cariño, hasta algo lerda parece que saliste, dije que debes estar agradecida por el hombrón que agarraste, buena sangre.
¿Y? La chica deja el living en llanto, pero luego el nieto: que no volverá a pasar, amor se razonable; que está viejita; que ya no piensa lo que dice; que no sabe en verdad, solo recoge palabras y no hay intención, qué ¿cómo no te va a querer? entiéndela princesa, tiene sus años, ya quisieras que te entiendan así a su edad ¿no? vamos, toda la familia te esta esperando en el living, festejemos, es nuestro día, ya, seca esas lágrimas, tontuela, vamos, vamos. Dios, no tienen huevos; cuando tenga la oportunidad sí que los tendré. No me dejaré pisotear por una anciana decrépita qué estoy seguro infunde más pena que respeto.
En la familia la tenemos por sorda y ciega. Su actitud cínica y cáustica; los menos malintencionados se la atribuyen a alguna demencia acorde con su edad casi centenaria. Los demás pensamos que cogió la sífilis con alguno de sus amantes; por eso es tan desconfiada; y ahora se le viene a freír el cerebro en una especie de etapa terminal, y es más normal de lo que suena, si en sus épocas doradas no había condón; pero la diferencia es que nosotros lo notamos porque no la dejamos sola. Es nuestra reina ciertamente. - ¿Y este niño no saluda?- Esgrime su mirada fulminante de hielo hacia algún lado en el que no estoy, mas el corazón se me acelera de todos modos.
Se supone que perdió la vista en los 90; creo que mira a la radio, en la que una voz somnífera lee a un volumen infernal una noticia menor sobre corrupción en el norte. A veces le da por vociferar contra Pinochet y qué ¿cuando lo van a sacar a ese perro?, qué orden puso pero ¿a qué precio? y que no es más que un generalcito saco largo amaestrado por su esposa. Otros días, curiosamente cuando se escuchan noticias deportivas, va mas atrás en el tiempo, a los días de las reformas agrarias y qué estos comunachos de mierda ¿cuando van a parar de quitarle las tierras a la gente en verdad esforzada? y qué desde cuando que el robo es legal. Bola de indios inmediatistas, con razón seguimos en el tercer mundo.
Es que el oído lo perdió irremediablemente en los ochenta.
También hay días en que parece estar viviendo en este año, aquí ahora y no atrapada en alguna causa siempre perdida del ayer; y lo sorprendente es que; esas contadas veces, analiza la política actual con especial agudeza; y admito que suele presentar ideas por lo menos lúcidas. Sea como sea; y cómo es de esperarse; todos le siguen la corriente, no importa de qué estén hablando; de una boda o de la tos de algún recién desafortunado en salir a nuestra amada unidad familiar desde el útero pacífico de su madre; no bien la Mamita irrumpe con una frase ya sabemos que esperar: política. El único tema digno de albergar en su ecplisada mente.
Es cosa de adivinar en que año está ahora y empezar a descartar a los familiares más jóvenes que no vivieron ahí para opinar, hasta que sólo queden actores perfectos que puedan hablar tanto de los gobiernos radicales como del golpe militar; algunos días "pronunciamiento en pro del orden del país" y otros "descarada violación a las libertades humanas"; como si fuese actualidad, claro, qué mal esto de la muerte de Allende, ¿y que se vaya a ir al infierno así por su cobardía sin límites? Pobre de su familia, con el honor por los suelos, claro. O de pronto llora por la de Pinochet y ya nadie se acuerda que simpatía política alguna vez tuvo, ya que ahora despotrica equitativamente contra cada medida tomada por cualquier político a lo largo de su historia en este país. Hoy brama contra los abusos del gobierno militar y debo confesar que me cae menos mal cuando es de izquierda.
- A sentarse en la mesa todos, todos, Jazmín, Nicolás, Pablito pongan los cubiertos de plástico - Porque los de plata son un dineral y claro, aquí en la familia, tan numerosos e impunes; alguno se puede tentar y ella no quiere tener que cortar relaciones con todos por siempre jamás por la pura culpa de algún desadaptado hipotético que el apellido suyo más le vale no tener porque no lo merecerá jamás - Ya pué apúrense que se nos va a enfriar el caldo.
Se supone que nosotros cocinamos, las familias nos vamos turnando; pero siempre acá; donde ella pueda percibirnos y de vez en cuando escrutarnos con sus ojos cubiertos por una fina tela grisácea que les confiere un aire fantasmagórico. No vaya a ser que la queramos envenenar.
En la casa se es humilde y se vive humilde, no importa si uno viene del barrio mas cuico o de la población más arruinada. La Mamita en ésta, su prisión barroca, es austera los más de los días, al punto de lindar a veces con el ascetismo. Dicen que hay semanas, curiosamente cuando no la visitan, en las que no prueba bocado más allá del pan que siempre porfía en traer en su delantal o sus bolsillos dependiendo de la ocasión. Hay dos o tres muebles en el living central y dieciséis de las dieciocho habitaciones están desocupadas, barridas de todo indicio de vida o adorno; a una le falta incluso alguna que otra pared, pero todas tienen una puerta que sugiere lujo. La forma ante todo.
Pero cuando venimos manda a comprar de todo, "pero que no parezca ostentación"; con su plata; qué ella afirma es parte de un tesoro familiar cuantioso que se remonta a la época de la conquista que los más capaces y valiosos de nosotros heredaremos sin duda a su muerte.
La verdad es que la familia paga por ella y deja sus billetes anteriores al cambio de moneda de 1975 secretamente donde mismo los esconde. Y ella está segurísima de que aún no se acaban.
- ¿Y tú que piensas mijo? El maleducado, el que no saluda pué, ese - Otra vez la mirada perdida que cae sin piedad en la radio arcaica. Me hierve la sangre y me asaltan las ganas de no responder, para comprobar si en verdad no me ve. De todos modos me tienen prohibido decir lo que realmente pienso respecto a política, asi que todo lo que pude aventurar fue un inocente - qué está muy mal, por supuesto - porque siempre que habla es queja.
Pero me equivoqué. La pregunta resultó ser "¿Cómo te pareció el almuerzo?" y mi respuesta fue la excusa perfecta para su profunda indignación que da paso inmediatamente al nada inesperado show. "¿Donde está mi bastón? Mocoso maleducado de miéchica". Qué tranquila mamita, qué el chico no lo decía en serio, qué así bromean ahora. Todos se van y me quedo limpiando, no es castigo, es excusa para acortar la visita en veinte convenientes minutos. ¿Pero saben? serán solo quince si me apuro.
Y sí que me apuraré, pero veo la platería fina y no puedo evitar recordar, si alguna mísera pieza desaparece de ahí no nos admitirá más en su casa ¿no? ella misma lo dijo y no es el tipo de persona que se desdice, porque lo dicho, dicho está y fuerzo así la pequeña cerradura del candado que resguarda los cubiertos como cualquier primo, tío o sobrino pudo haberla forzado y saco un cuchillo de plata más antiguo que yo y que todos los primos, tíos y sobrinos que están aquí ausentes, alentándome en mi mente a terminar para siempre jamás con esta tortuosa costumbre familiar; tan absorto, que no oigo sus pasos y apenas reacciono cuando grita:
- !Ladrón! - Su voz áspera de fumadora se ahoga en una tos de perro y cuando la Mamita se incorpora; inmovilizado, la escena me parece totalmente irreal. Sus ojos que no miran apuntan en dirección mía y parecen asaltar mi mente con la mirada. La situación de pronto pierde todo atisbo de credibilidad, y todo lo que parece habitar el universo soy yo y ese extraño ser de metro cuarenta parado frente a mi con actitud altiva y postura de gallo de pelea.
- Pues qué va a hacer, supongo que no puede confiar en nosotros - Alguna fuerza milagrosa me permite estar aún de pie y vomitar las palabras afectando calma. No reparé en que, fuera de mi boca, las ideas gritadas se volvían murmullos apenas audibles. Calma Nicolás, calma; las palabras correctas ahora podrían salvar a toda una familia. Es tu momento de ser un héroe.
- Curioso que digas "nosotros" si eres el único ladrón aquí - Me está mirando, la vieja ciega me está mirando y; estoy seguro; escucha todo, no solo mi voz trémula, sino más allá, tras mis latidos e incluso más allá de mis pensamientos. Ella es de algún modo omnipotente aquí y ahora y quizá hasta nota como la piel de gallina se me empapa de sudor frío. Como un sabueso, olfatea mi miedo; pero para mi sorpresa, éste, en vez de crecer y petrificarme de una vez por completo, va disminuyendo hasta resultarme imperceptible.
- ¿Y si no es la plata lo que me interesa? - Espero tomarla desprevenida.
- ¿Crees que no me he dado cuenta? Tú no quieres estar acá, tu no me quieres ver, pero no hay nada que puedas lograr ya - Creí notar que su tono severo se quebraba paulatinamente. No puedo flaquear yo ahora.
- Es que nadie quiere, ¿no se da cuenta usted?
- Pero vienen, siempre vienen y vendrán.
- Porque le tienen miedo, ¿Qué gracia tiene eso?
- Pues prefiero ser temida que olvidada- Toma una bocanada de aire y de nuevo su tos de perro. - A mi ustedes no me abandonarán mijo; los crié para que no puedan - Me habla casi como con cariño y siempre mirándome a los ojos. -Saquémonos las mascaras, yo no quiero ser olvidada, nadie quiere en verdad - De pronto suena humana, aún tras su voz rasgada y militar.
- Pero es algo que tiene que pasar, y alguien tiene que ensuciarse las manos eventualmente. Porque es lo que todos quieren. Porque nadie la quiere. - Mis palabras son las del verdugo feliz que solo hace lo que todos desean secretamente que haga. Después de todo no es su culpa. Él solo satisface al pueblo. Es solo las manos, un arma, mis manos, mi boca, mis palabras, mi arma. Una incisión precisa y hasta nunca jamás tortura dominical.
- ¿De qué hablas niño? Tú no eres más que un cachorro desvalido, no has vivido suficiente, no has sufrido suficiente, no has nada como para hablar de ensuciarse las manos - Hace una pausa y prosigue con dificultad - Además ¿acaso crees que es puro miedo el que hace volver y volver a familias de familias? Miedo tienen sí, están petrificados... pero no es que me teman a mi, después de todo ¿Qué les puede hacer una vieja centenaria y gruñona? Es que si dejaran de venir, no se la podrían con su propia culpa.
- ¿Culpa de qué?
- De que las cosas estén como estén - Me mira como si yo no fuera entender, con una nostalgia secreta y prohibida que me sabe a lástima - De que yo esté acá sola en esta casona y todo lo que les he enseñado, a los que les he enseñado, y que ha servido para sus vidas parezca ser ajeno conmigo, estéril. Y ellos mismos se preguntan, que hice mal de lo que dije si a ellos les resultó aceptablemente bien, pasable, excelente. Y con sus hijos es solo costumbre, repetición; lo tienen muy adentro ya, el venir; esa culpa congénita que traspasó el cordón umbilical desde sus madres - Puedo notar una tristeza infinita encerrada en su voz, gritando sin fuerza, queriendo hacer acto de presencia y derribar la armadura invisible que la vieja se colocó en su desesperación, toma aire, tose y de pronto su voz se vuelve a endurecer y esa tristeza ahogada que antes noté no parece más que producto de mi imaginación - ahora ¿Quieres que les diga que no vengan más? Me suplicarán por volver, se preguntarán que hicieron mal. - Tan lúcida.
- Y yo seré el culpable ¿cierto? Entonces me van a odiar. - Lo digo ausente, ajeno; tal vez contagiado por su cinismo; si ella le da la espalda a la familia, la familia se preguntará qué hizo mal; la culpa no los dejará dormir hasta obtener su perdón. La vieja tiene razón.
- Captas rápido niño, saca un cigarro de mi delantal y préndelo, si quieres saca otro para ti- Obedezco.
- No fumo señora- No la puedo llamar Mamita. Nunca podría, en realidad.
- Pues bien me parece. Ahora hazte hombre y sácate un cigarro- Vuelvo a obedecer. Me ofrece fuego y asiento acercándole mi cigarro.
- ¿Entonces todo queda en nada? Esto nunca pasó ¿y usted vuelve a hacerse la sorda, la ciega, la demente? No la entiendo ¿Por qué nos hace creer que está decrépita? No es que dejaríamos de venir si usted se mostrase siempre lúcida ¿No? Podría ser hasta más entretenido para ambas partes ¿No? No la visitamos solo por ser sus niñeros, usted misma me lo acaba de decir, nos crió para volver ¿No?
- No hay nada qué entender mijo, ya váyase a su casa. - Ahoga una respuesta más larga, me da la espalda y con un suspiro desaparece tras una puerta anónima, idéntica a las demás. En verdad quiero entenderla, de pronto no es tan terrible ni tan detestable. De pronto no soy tan diferente a ella, podría haber sido mi hermana si hubiera nacido unos ochenta años mas tarde, claro. De pronto no me es más que una viejita chocha que tiene el mismo miedo maldito que nos escolta y persigue a sangre fría a todos nosotros desde nuestras mismas cunas; a la soledad.
A la soledad y a ella misma.
Ame este cuento, la verdad empese con miedo a la vieja y termine con mucha empatia, ya que tus palabras siempre hacen sentir.
ResponderEliminarEs interesante como al jugar con las perspectivas, logras hacer que un personaje, inicialmente molesto, se vuelva más amable a la comprensión del lector. Saludos.
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