miércoles, 12 de diciembre de 2012

Una ficción del observador


 No había ningún cuerpo penando las calles escarchadas por la lluvia o el granizo, la neblina era nuestro camuflaje perfecto y el sonido no se propagaba más allá de diez pasos de su origen. Eran las once con cincuenta y nueve minutos, cincuenta y dos segundos; los preparativos estaban listos para ejecutar el plan a las doce, cincuenta y ocho segundos y ahora sólo falta uno, todo calculado por Ismael con precisión milimétrica. Me da la señal, aprieto con fuerza mis dientes para dejar de temblar, es el frío, me digo, y el frío es psicológico. De pronto, luces devoradoras, amalgamación de voces incomprensibles perdidas en la estática infernal de megáfonos y la sirena y antes de poder reaccionar, mi rostro violentado contra el suelo húmedo y ahora tibio por el líquido espeso que manaba de mis labios, sabor metálico y sordo, la vista deslumbrada no se acostumbra al patrón del asfalto, las formas confusas sin límites claros, me quise parar, pero el corazón ya ni aceleraba, como si antes de poder pensar siquiera en defenderme, mi cuerpo cobarde hubiese capitulado, pactado una rendición secreta con los verdes. De pronto el vacío sepulcral de las calles, la deliberada obsesión de Ismael por la pulcritud en la praxis, por la ausencia absoluta de testigos, nos juega en contra. Nada de seres vivos, de terceros involucrados, de huellas dactilares, de observadores de Derechos Humanos, de garantía posible de nuestra supervivencia, nada que coacte los límites del castigo punitivo, la crueldad infinita del que actúa en nombre de la Ley, del Orden Social. 
 Mientras a mi me subían a empujones al Retén móvil  ví cómo Ismael subía tranquila, voluntariamente, al asiento del copiloto. "Quién chucha eres?" le pregunto furioso, y él, sin dignarse siquiera a darse vuelta y mirarme a través de la rejilla gris metálica que me obliga a imaginar la mueca que debe estarle imprimiendo a su cara, me responde pausadamente, como quién responde a ¿qué tal el clima? o ¿qué fecha es hoy?, con voz banal y monocorde: "Al parecer soy, al igual que tú, sólo una ficción del observador".

domingo, 22 de abril de 2012

Flores como tú


 Te traigo flores que no afectan tu semblante, que no provocan tu sonrisa ni desencadenan tu ternura. Te traigo flores por el amor loco y por el odio ciego, te traigo flores por montones, flores por la culpa de no poder traerte algo mejor; flores para que no notes que la semana pasada quedé desempleado. Si te miro a los ojos es azul de mar y un poco de hielo; busco tus labios primero con la mirada como en los viejos tiempos, mas me detengo, a unos diez centímetros de los tuyos, antes de encontrarlos en los míos. Porque no quiero parecer un imbécil frente a toda esta gente bien trajeada; un imbécil que si te mira los pies no puede y ahí detesta lo pequeño del vidrio de tu ataúd.