Sus palabras desgarraban el aire y laceraban la piel. "Me gusta alguien" ¿Cómo algo dicho con una entonación tan inocente y amical puede causar tanto dolor? Y se viene todo abajo; "no me mates tán alegre", te suplicaría si pudiese articular palabra. Pero no, mi garganta exhaló su ultimo "¿Quién?" acompañado de una sonrisa obligada y pareció cerrarse para siempre. Era imposible creer que podría no morir tras oír tu respuesta en este juego de niños.
De pronto y casi como por pena, una voz esperanzadora irrumpe en mi cabeza asegurandome que confesarás mi nombre, que viviré, vivirás y por siempre felices nosotros dos. Pero no quiero creer eso, no soportaría otra desilusión y ahora sufrirla sin fundamento. Mátame con presteza, mátame de una vez.
Y ahi estaba yo, lívido, con la sonrisa boba atascada en el rostro y a pasos de explotar. Mi corazón era una bomba de tiempo y yo; el terrorista aterrorizado; no estaba dispuesto a negociar, no tomaría rehenes. Di las palabras mágicas, a tu comando. Las espero.
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domingo, 19 de diciembre de 2010
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Ojos que no ven
Todos le teníamos miedo. La visitábamos en su solitaria casa colonial, desde donde reinaba el universo en su trono imaginario, entre una y cuatro veces al mes, siempre un domingo. Mis papás me daban la funesta noticia en las mañanas, en las que casi no podía respirar por la tensión. Si hasta las doce no decían nada, sería otro glorioso domingo sin verla y solo ahí podía permitirme tomar un hondo respiro y luego planear deliciosamente en qué matar el día.
Pero hoy simplemente no, " Nicolás alístate que iremos a ver a la Mamita" Claro, el diminutivo de mi Maldita Miseria, mi bisabuela paterna. - Ya voy - No me molesto en esconder mi desencanto, en la casa es soberano y general. Nadie quiere verla, pero esa frase que me sabe a condena, hasta mi mamá que intenta inyectarle dulzura en vano al pronunciarla parece detestarla profundamente. ¿Por qué vamos entonces? La vez que mi cruel inocencia de niño me permitió preguntar eso a quemarropa frente a la Mamita me gané un inmediato manotazo de furia de parte de ésta y una reprimenda en casa. La verdad es que las palabras, aún gritadas, no son nada comparadas a sus palabras; y los golpes son ridículos frente a sus golpes. Y no es que golpee fuerte, es su presencia, es una cosa de qué me petrifico y sudo frío y no puedo pensar más que en sus palabras en forma de saetas y su mirada tétrica que me arroja a la nada; la sensación desesperante de estar como ausente, pero no tanto como para que ella de pronto no me note y deje de descargarse en mi. Y no hay cosa que me enerve más que la aprobación tácita que todos parecen conferirle en cada escena que protagoniza, esa casi satisfacción secreta de todos los familiares, que por lo bajo le clavan puñales entre los pechos, ahí, más a la izquierda, justo donde duele, justo donde mata; a un muñeco; real o metafórico; de ella nuestra Mamita.
Detestada y todo, hallan la forma de excusarse para volver y volver. No importa si la Mamita le pegó con el bastón de mango de plata al bebé de 8 meses para enseñarle a "respetar el orden de las comidas en la mesa" porque cogió ensalada durante la sopa o postre durante el segundo. No importa si la Mamita asegura a toda voz que la mujer que escogió el nieto de turno para casarse es una puta de mala estirpe frente al desconcierto de esta; o es sosa y sin gracia ¿y de que conventillo la sacaste? no te vaya a pasar la cuenta ser tan caritativo con estas pobres mujerzuelas. ¿Qué me ha dicho? Ya te explico cariño, hasta algo lerda parece que saliste, dije que debes estar agradecida por el hombrón que agarraste, buena sangre.
¿Y? La chica deja el living en llanto, pero luego el nieto: que no volverá a pasar, amor se razonable; que está viejita; que ya no piensa lo que dice; que no sabe en verdad, solo recoge palabras y no hay intención, qué ¿cómo no te va a querer? entiéndela princesa, tiene sus años, ya quisieras que te entiendan así a su edad ¿no? vamos, toda la familia te esta esperando en el living, festejemos, es nuestro día, ya, seca esas lágrimas, tontuela, vamos, vamos. Dios, no tienen huevos; cuando tenga la oportunidad sí que los tendré. No me dejaré pisotear por una anciana decrépita qué estoy seguro infunde más pena que respeto.
En la familia la tenemos por sorda y ciega. Su actitud cínica y cáustica; los menos malintencionados se la atribuyen a alguna demencia acorde con su edad casi centenaria. Los demás pensamos que cogió la sífilis con alguno de sus amantes; por eso es tan desconfiada; y ahora se le viene a freír el cerebro en una especie de etapa terminal, y es más normal de lo que suena, si en sus épocas doradas no había condón; pero la diferencia es que nosotros lo notamos porque no la dejamos sola. Es nuestra reina ciertamente. - ¿Y este niño no saluda?- Esgrime su mirada fulminante de hielo hacia algún lado en el que no estoy, mas el corazón se me acelera de todos modos.
Se supone que perdió la vista en los 90; creo que mira a la radio, en la que una voz somnífera lee a un volumen infernal una noticia menor sobre corrupción en el norte. A veces le da por vociferar contra Pinochet y qué ¿cuando lo van a sacar a ese perro?, qué orden puso pero ¿a qué precio? y que no es más que un generalcito saco largo amaestrado por su esposa. Otros días, curiosamente cuando se escuchan noticias deportivas, va mas atrás en el tiempo, a los días de las reformas agrarias y qué estos comunachos de mierda ¿cuando van a parar de quitarle las tierras a la gente en verdad esforzada? y qué desde cuando que el robo es legal. Bola de indios inmediatistas, con razón seguimos en el tercer mundo.
Es que el oído lo perdió irremediablemente en los ochenta.
También hay días en que parece estar viviendo en este año, aquí ahora y no atrapada en alguna causa siempre perdida del ayer; y lo sorprendente es que; esas contadas veces, analiza la política actual con especial agudeza; y admito que suele presentar ideas por lo menos lúcidas. Sea como sea; y cómo es de esperarse; todos le siguen la corriente, no importa de qué estén hablando; de una boda o de la tos de algún recién desafortunado en salir a nuestra amada unidad familiar desde el útero pacífico de su madre; no bien la Mamita irrumpe con una frase ya sabemos que esperar: política. El único tema digno de albergar en su ecplisada mente.
Es cosa de adivinar en que año está ahora y empezar a descartar a los familiares más jóvenes que no vivieron ahí para opinar, hasta que sólo queden actores perfectos que puedan hablar tanto de los gobiernos radicales como del golpe militar; algunos días "pronunciamiento en pro del orden del país" y otros "descarada violación a las libertades humanas"; como si fuese actualidad, claro, qué mal esto de la muerte de Allende, ¿y que se vaya a ir al infierno así por su cobardía sin límites? Pobre de su familia, con el honor por los suelos, claro. O de pronto llora por la de Pinochet y ya nadie se acuerda que simpatía política alguna vez tuvo, ya que ahora despotrica equitativamente contra cada medida tomada por cualquier político a lo largo de su historia en este país. Hoy brama contra los abusos del gobierno militar y debo confesar que me cae menos mal cuando es de izquierda.
- A sentarse en la mesa todos, todos, Jazmín, Nicolás, Pablito pongan los cubiertos de plástico - Porque los de plata son un dineral y claro, aquí en la familia, tan numerosos e impunes; alguno se puede tentar y ella no quiere tener que cortar relaciones con todos por siempre jamás por la pura culpa de algún desadaptado hipotético que el apellido suyo más le vale no tener porque no lo merecerá jamás - Ya pué apúrense que se nos va a enfriar el caldo.
Se supone que nosotros cocinamos, las familias nos vamos turnando; pero siempre acá; donde ella pueda percibirnos y de vez en cuando escrutarnos con sus ojos cubiertos por una fina tela grisácea que les confiere un aire fantasmagórico. No vaya a ser que la queramos envenenar.
En la casa se es humilde y se vive humilde, no importa si uno viene del barrio mas cuico o de la población más arruinada. La Mamita en ésta, su prisión barroca, es austera los más de los días, al punto de lindar a veces con el ascetismo. Dicen que hay semanas, curiosamente cuando no la visitan, en las que no prueba bocado más allá del pan que siempre porfía en traer en su delantal o sus bolsillos dependiendo de la ocasión. Hay dos o tres muebles en el living central y dieciséis de las dieciocho habitaciones están desocupadas, barridas de todo indicio de vida o adorno; a una le falta incluso alguna que otra pared, pero todas tienen una puerta que sugiere lujo. La forma ante todo.
Pero cuando venimos manda a comprar de todo, "pero que no parezca ostentación"; con su plata; qué ella afirma es parte de un tesoro familiar cuantioso que se remonta a la época de la conquista que los más capaces y valiosos de nosotros heredaremos sin duda a su muerte.
La verdad es que la familia paga por ella y deja sus billetes anteriores al cambio de moneda de 1975 secretamente donde mismo los esconde. Y ella está segurísima de que aún no se acaban.
- ¿Y tú que piensas mijo? El maleducado, el que no saluda pué, ese - Otra vez la mirada perdida que cae sin piedad en la radio arcaica. Me hierve la sangre y me asaltan las ganas de no responder, para comprobar si en verdad no me ve. De todos modos me tienen prohibido decir lo que realmente pienso respecto a política, asi que todo lo que pude aventurar fue un inocente - qué está muy mal, por supuesto - porque siempre que habla es queja.
Pero me equivoqué. La pregunta resultó ser "¿Cómo te pareció el almuerzo?" y mi respuesta fue la excusa perfecta para su profunda indignación que da paso inmediatamente al nada inesperado show. "¿Donde está mi bastón? Mocoso maleducado de miéchica". Qué tranquila mamita, qué el chico no lo decía en serio, qué así bromean ahora. Todos se van y me quedo limpiando, no es castigo, es excusa para acortar la visita en veinte convenientes minutos. ¿Pero saben? serán solo quince si me apuro.
Y sí que me apuraré, pero veo la platería fina y no puedo evitar recordar, si alguna mísera pieza desaparece de ahí no nos admitirá más en su casa ¿no? ella misma lo dijo y no es el tipo de persona que se desdice, porque lo dicho, dicho está y fuerzo así la pequeña cerradura del candado que resguarda los cubiertos como cualquier primo, tío o sobrino pudo haberla forzado y saco un cuchillo de plata más antiguo que yo y que todos los primos, tíos y sobrinos que están aquí ausentes, alentándome en mi mente a terminar para siempre jamás con esta tortuosa costumbre familiar; tan absorto, que no oigo sus pasos y apenas reacciono cuando grita:
- !Ladrón! - Su voz áspera de fumadora se ahoga en una tos de perro y cuando la Mamita se incorpora; inmovilizado, la escena me parece totalmente irreal. Sus ojos que no miran apuntan en dirección mía y parecen asaltar mi mente con la mirada. La situación de pronto pierde todo atisbo de credibilidad, y todo lo que parece habitar el universo soy yo y ese extraño ser de metro cuarenta parado frente a mi con actitud altiva y postura de gallo de pelea.
- Pues qué va a hacer, supongo que no puede confiar en nosotros - Alguna fuerza milagrosa me permite estar aún de pie y vomitar las palabras afectando calma. No reparé en que, fuera de mi boca, las ideas gritadas se volvían murmullos apenas audibles. Calma Nicolás, calma; las palabras correctas ahora podrían salvar a toda una familia. Es tu momento de ser un héroe.
- Curioso que digas "nosotros" si eres el único ladrón aquí - Me está mirando, la vieja ciega me está mirando y; estoy seguro; escucha todo, no solo mi voz trémula, sino más allá, tras mis latidos e incluso más allá de mis pensamientos. Ella es de algún modo omnipotente aquí y ahora y quizá hasta nota como la piel de gallina se me empapa de sudor frío. Como un sabueso, olfatea mi miedo; pero para mi sorpresa, éste, en vez de crecer y petrificarme de una vez por completo, va disminuyendo hasta resultarme imperceptible.
- ¿Y si no es la plata lo que me interesa? - Espero tomarla desprevenida.
- ¿Crees que no me he dado cuenta? Tú no quieres estar acá, tu no me quieres ver, pero no hay nada que puedas lograr ya - Creí notar que su tono severo se quebraba paulatinamente. No puedo flaquear yo ahora.
- Es que nadie quiere, ¿no se da cuenta usted?
- Pero vienen, siempre vienen y vendrán.
- Porque le tienen miedo, ¿Qué gracia tiene eso?
- Pues prefiero ser temida que olvidada- Toma una bocanada de aire y de nuevo su tos de perro. - A mi ustedes no me abandonarán mijo; los crié para que no puedan - Me habla casi como con cariño y siempre mirándome a los ojos. -Saquémonos las mascaras, yo no quiero ser olvidada, nadie quiere en verdad - De pronto suena humana, aún tras su voz rasgada y militar.
- Pero es algo que tiene que pasar, y alguien tiene que ensuciarse las manos eventualmente. Porque es lo que todos quieren. Porque nadie la quiere. - Mis palabras son las del verdugo feliz que solo hace lo que todos desean secretamente que haga. Después de todo no es su culpa. Él solo satisface al pueblo. Es solo las manos, un arma, mis manos, mi boca, mis palabras, mi arma. Una incisión precisa y hasta nunca jamás tortura dominical.
- ¿De qué hablas niño? Tú no eres más que un cachorro desvalido, no has vivido suficiente, no has sufrido suficiente, no has nada como para hablar de ensuciarse las manos - Hace una pausa y prosigue con dificultad - Además ¿acaso crees que es puro miedo el que hace volver y volver a familias de familias? Miedo tienen sí, están petrificados... pero no es que me teman a mi, después de todo ¿Qué les puede hacer una vieja centenaria y gruñona? Es que si dejaran de venir, no se la podrían con su propia culpa.
- ¿Culpa de qué?
- De que las cosas estén como estén - Me mira como si yo no fuera entender, con una nostalgia secreta y prohibida que me sabe a lástima - De que yo esté acá sola en esta casona y todo lo que les he enseñado, a los que les he enseñado, y que ha servido para sus vidas parezca ser ajeno conmigo, estéril. Y ellos mismos se preguntan, que hice mal de lo que dije si a ellos les resultó aceptablemente bien, pasable, excelente. Y con sus hijos es solo costumbre, repetición; lo tienen muy adentro ya, el venir; esa culpa congénita que traspasó el cordón umbilical desde sus madres - Puedo notar una tristeza infinita encerrada en su voz, gritando sin fuerza, queriendo hacer acto de presencia y derribar la armadura invisible que la vieja se colocó en su desesperación, toma aire, tose y de pronto su voz se vuelve a endurecer y esa tristeza ahogada que antes noté no parece más que producto de mi imaginación - ahora ¿Quieres que les diga que no vengan más? Me suplicarán por volver, se preguntarán que hicieron mal. - Tan lúcida.
- Y yo seré el culpable ¿cierto? Entonces me van a odiar. - Lo digo ausente, ajeno; tal vez contagiado por su cinismo; si ella le da la espalda a la familia, la familia se preguntará qué hizo mal; la culpa no los dejará dormir hasta obtener su perdón. La vieja tiene razón.
- Captas rápido niño, saca un cigarro de mi delantal y préndelo, si quieres saca otro para ti- Obedezco.
- No fumo señora- No la puedo llamar Mamita. Nunca podría, en realidad.
- Pues bien me parece. Ahora hazte hombre y sácate un cigarro- Vuelvo a obedecer. Me ofrece fuego y asiento acercándole mi cigarro.
- ¿Entonces todo queda en nada? Esto nunca pasó ¿y usted vuelve a hacerse la sorda, la ciega, la demente? No la entiendo ¿Por qué nos hace creer que está decrépita? No es que dejaríamos de venir si usted se mostrase siempre lúcida ¿No? Podría ser hasta más entretenido para ambas partes ¿No? No la visitamos solo por ser sus niñeros, usted misma me lo acaba de decir, nos crió para volver ¿No?
- No hay nada qué entender mijo, ya váyase a su casa. - Ahoga una respuesta más larga, me da la espalda y con un suspiro desaparece tras una puerta anónima, idéntica a las demás. En verdad quiero entenderla, de pronto no es tan terrible ni tan detestable. De pronto no soy tan diferente a ella, podría haber sido mi hermana si hubiera nacido unos ochenta años mas tarde, claro. De pronto no me es más que una viejita chocha que tiene el mismo miedo maldito que nos escolta y persigue a sangre fría a todos nosotros desde nuestras mismas cunas; a la soledad.
A la soledad y a ella misma.
Pero hoy simplemente no, " Nicolás alístate que iremos a ver a la Mamita" Claro, el diminutivo de mi Maldita Miseria, mi bisabuela paterna. - Ya voy - No me molesto en esconder mi desencanto, en la casa es soberano y general. Nadie quiere verla, pero esa frase que me sabe a condena, hasta mi mamá que intenta inyectarle dulzura en vano al pronunciarla parece detestarla profundamente. ¿Por qué vamos entonces? La vez que mi cruel inocencia de niño me permitió preguntar eso a quemarropa frente a la Mamita me gané un inmediato manotazo de furia de parte de ésta y una reprimenda en casa. La verdad es que las palabras, aún gritadas, no son nada comparadas a sus palabras; y los golpes son ridículos frente a sus golpes. Y no es que golpee fuerte, es su presencia, es una cosa de qué me petrifico y sudo frío y no puedo pensar más que en sus palabras en forma de saetas y su mirada tétrica que me arroja a la nada; la sensación desesperante de estar como ausente, pero no tanto como para que ella de pronto no me note y deje de descargarse en mi. Y no hay cosa que me enerve más que la aprobación tácita que todos parecen conferirle en cada escena que protagoniza, esa casi satisfacción secreta de todos los familiares, que por lo bajo le clavan puñales entre los pechos, ahí, más a la izquierda, justo donde duele, justo donde mata; a un muñeco; real o metafórico; de ella nuestra Mamita.
Detestada y todo, hallan la forma de excusarse para volver y volver. No importa si la Mamita le pegó con el bastón de mango de plata al bebé de 8 meses para enseñarle a "respetar el orden de las comidas en la mesa" porque cogió ensalada durante la sopa o postre durante el segundo. No importa si la Mamita asegura a toda voz que la mujer que escogió el nieto de turno para casarse es una puta de mala estirpe frente al desconcierto de esta; o es sosa y sin gracia ¿y de que conventillo la sacaste? no te vaya a pasar la cuenta ser tan caritativo con estas pobres mujerzuelas. ¿Qué me ha dicho? Ya te explico cariño, hasta algo lerda parece que saliste, dije que debes estar agradecida por el hombrón que agarraste, buena sangre.
¿Y? La chica deja el living en llanto, pero luego el nieto: que no volverá a pasar, amor se razonable; que está viejita; que ya no piensa lo que dice; que no sabe en verdad, solo recoge palabras y no hay intención, qué ¿cómo no te va a querer? entiéndela princesa, tiene sus años, ya quisieras que te entiendan así a su edad ¿no? vamos, toda la familia te esta esperando en el living, festejemos, es nuestro día, ya, seca esas lágrimas, tontuela, vamos, vamos. Dios, no tienen huevos; cuando tenga la oportunidad sí que los tendré. No me dejaré pisotear por una anciana decrépita qué estoy seguro infunde más pena que respeto.
En la familia la tenemos por sorda y ciega. Su actitud cínica y cáustica; los menos malintencionados se la atribuyen a alguna demencia acorde con su edad casi centenaria. Los demás pensamos que cogió la sífilis con alguno de sus amantes; por eso es tan desconfiada; y ahora se le viene a freír el cerebro en una especie de etapa terminal, y es más normal de lo que suena, si en sus épocas doradas no había condón; pero la diferencia es que nosotros lo notamos porque no la dejamos sola. Es nuestra reina ciertamente. - ¿Y este niño no saluda?- Esgrime su mirada fulminante de hielo hacia algún lado en el que no estoy, mas el corazón se me acelera de todos modos.
Se supone que perdió la vista en los 90; creo que mira a la radio, en la que una voz somnífera lee a un volumen infernal una noticia menor sobre corrupción en el norte. A veces le da por vociferar contra Pinochet y qué ¿cuando lo van a sacar a ese perro?, qué orden puso pero ¿a qué precio? y que no es más que un generalcito saco largo amaestrado por su esposa. Otros días, curiosamente cuando se escuchan noticias deportivas, va mas atrás en el tiempo, a los días de las reformas agrarias y qué estos comunachos de mierda ¿cuando van a parar de quitarle las tierras a la gente en verdad esforzada? y qué desde cuando que el robo es legal. Bola de indios inmediatistas, con razón seguimos en el tercer mundo.
Es que el oído lo perdió irremediablemente en los ochenta.
También hay días en que parece estar viviendo en este año, aquí ahora y no atrapada en alguna causa siempre perdida del ayer; y lo sorprendente es que; esas contadas veces, analiza la política actual con especial agudeza; y admito que suele presentar ideas por lo menos lúcidas. Sea como sea; y cómo es de esperarse; todos le siguen la corriente, no importa de qué estén hablando; de una boda o de la tos de algún recién desafortunado en salir a nuestra amada unidad familiar desde el útero pacífico de su madre; no bien la Mamita irrumpe con una frase ya sabemos que esperar: política. El único tema digno de albergar en su ecplisada mente.
Es cosa de adivinar en que año está ahora y empezar a descartar a los familiares más jóvenes que no vivieron ahí para opinar, hasta que sólo queden actores perfectos que puedan hablar tanto de los gobiernos radicales como del golpe militar; algunos días "pronunciamiento en pro del orden del país" y otros "descarada violación a las libertades humanas"; como si fuese actualidad, claro, qué mal esto de la muerte de Allende, ¿y que se vaya a ir al infierno así por su cobardía sin límites? Pobre de su familia, con el honor por los suelos, claro. O de pronto llora por la de Pinochet y ya nadie se acuerda que simpatía política alguna vez tuvo, ya que ahora despotrica equitativamente contra cada medida tomada por cualquier político a lo largo de su historia en este país. Hoy brama contra los abusos del gobierno militar y debo confesar que me cae menos mal cuando es de izquierda.
- A sentarse en la mesa todos, todos, Jazmín, Nicolás, Pablito pongan los cubiertos de plástico - Porque los de plata son un dineral y claro, aquí en la familia, tan numerosos e impunes; alguno se puede tentar y ella no quiere tener que cortar relaciones con todos por siempre jamás por la pura culpa de algún desadaptado hipotético que el apellido suyo más le vale no tener porque no lo merecerá jamás - Ya pué apúrense que se nos va a enfriar el caldo.
Se supone que nosotros cocinamos, las familias nos vamos turnando; pero siempre acá; donde ella pueda percibirnos y de vez en cuando escrutarnos con sus ojos cubiertos por una fina tela grisácea que les confiere un aire fantasmagórico. No vaya a ser que la queramos envenenar.
En la casa se es humilde y se vive humilde, no importa si uno viene del barrio mas cuico o de la población más arruinada. La Mamita en ésta, su prisión barroca, es austera los más de los días, al punto de lindar a veces con el ascetismo. Dicen que hay semanas, curiosamente cuando no la visitan, en las que no prueba bocado más allá del pan que siempre porfía en traer en su delantal o sus bolsillos dependiendo de la ocasión. Hay dos o tres muebles en el living central y dieciséis de las dieciocho habitaciones están desocupadas, barridas de todo indicio de vida o adorno; a una le falta incluso alguna que otra pared, pero todas tienen una puerta que sugiere lujo. La forma ante todo.
Pero cuando venimos manda a comprar de todo, "pero que no parezca ostentación"; con su plata; qué ella afirma es parte de un tesoro familiar cuantioso que se remonta a la época de la conquista que los más capaces y valiosos de nosotros heredaremos sin duda a su muerte.
La verdad es que la familia paga por ella y deja sus billetes anteriores al cambio de moneda de 1975 secretamente donde mismo los esconde. Y ella está segurísima de que aún no se acaban.
- ¿Y tú que piensas mijo? El maleducado, el que no saluda pué, ese - Otra vez la mirada perdida que cae sin piedad en la radio arcaica. Me hierve la sangre y me asaltan las ganas de no responder, para comprobar si en verdad no me ve. De todos modos me tienen prohibido decir lo que realmente pienso respecto a política, asi que todo lo que pude aventurar fue un inocente - qué está muy mal, por supuesto - porque siempre que habla es queja.
Pero me equivoqué. La pregunta resultó ser "¿Cómo te pareció el almuerzo?" y mi respuesta fue la excusa perfecta para su profunda indignación que da paso inmediatamente al nada inesperado show. "¿Donde está mi bastón? Mocoso maleducado de miéchica". Qué tranquila mamita, qué el chico no lo decía en serio, qué así bromean ahora. Todos se van y me quedo limpiando, no es castigo, es excusa para acortar la visita en veinte convenientes minutos. ¿Pero saben? serán solo quince si me apuro.
Y sí que me apuraré, pero veo la platería fina y no puedo evitar recordar, si alguna mísera pieza desaparece de ahí no nos admitirá más en su casa ¿no? ella misma lo dijo y no es el tipo de persona que se desdice, porque lo dicho, dicho está y fuerzo así la pequeña cerradura del candado que resguarda los cubiertos como cualquier primo, tío o sobrino pudo haberla forzado y saco un cuchillo de plata más antiguo que yo y que todos los primos, tíos y sobrinos que están aquí ausentes, alentándome en mi mente a terminar para siempre jamás con esta tortuosa costumbre familiar; tan absorto, que no oigo sus pasos y apenas reacciono cuando grita:
- !Ladrón! - Su voz áspera de fumadora se ahoga en una tos de perro y cuando la Mamita se incorpora; inmovilizado, la escena me parece totalmente irreal. Sus ojos que no miran apuntan en dirección mía y parecen asaltar mi mente con la mirada. La situación de pronto pierde todo atisbo de credibilidad, y todo lo que parece habitar el universo soy yo y ese extraño ser de metro cuarenta parado frente a mi con actitud altiva y postura de gallo de pelea.
- Pues qué va a hacer, supongo que no puede confiar en nosotros - Alguna fuerza milagrosa me permite estar aún de pie y vomitar las palabras afectando calma. No reparé en que, fuera de mi boca, las ideas gritadas se volvían murmullos apenas audibles. Calma Nicolás, calma; las palabras correctas ahora podrían salvar a toda una familia. Es tu momento de ser un héroe.
- Curioso que digas "nosotros" si eres el único ladrón aquí - Me está mirando, la vieja ciega me está mirando y; estoy seguro; escucha todo, no solo mi voz trémula, sino más allá, tras mis latidos e incluso más allá de mis pensamientos. Ella es de algún modo omnipotente aquí y ahora y quizá hasta nota como la piel de gallina se me empapa de sudor frío. Como un sabueso, olfatea mi miedo; pero para mi sorpresa, éste, en vez de crecer y petrificarme de una vez por completo, va disminuyendo hasta resultarme imperceptible.
- ¿Y si no es la plata lo que me interesa? - Espero tomarla desprevenida.
- ¿Crees que no me he dado cuenta? Tú no quieres estar acá, tu no me quieres ver, pero no hay nada que puedas lograr ya - Creí notar que su tono severo se quebraba paulatinamente. No puedo flaquear yo ahora.
- Es que nadie quiere, ¿no se da cuenta usted?
- Pero vienen, siempre vienen y vendrán.
- Porque le tienen miedo, ¿Qué gracia tiene eso?
- Pues prefiero ser temida que olvidada- Toma una bocanada de aire y de nuevo su tos de perro. - A mi ustedes no me abandonarán mijo; los crié para que no puedan - Me habla casi como con cariño y siempre mirándome a los ojos. -Saquémonos las mascaras, yo no quiero ser olvidada, nadie quiere en verdad - De pronto suena humana, aún tras su voz rasgada y militar.
- Pero es algo que tiene que pasar, y alguien tiene que ensuciarse las manos eventualmente. Porque es lo que todos quieren. Porque nadie la quiere. - Mis palabras son las del verdugo feliz que solo hace lo que todos desean secretamente que haga. Después de todo no es su culpa. Él solo satisface al pueblo. Es solo las manos, un arma, mis manos, mi boca, mis palabras, mi arma. Una incisión precisa y hasta nunca jamás tortura dominical.
- ¿De qué hablas niño? Tú no eres más que un cachorro desvalido, no has vivido suficiente, no has sufrido suficiente, no has nada como para hablar de ensuciarse las manos - Hace una pausa y prosigue con dificultad - Además ¿acaso crees que es puro miedo el que hace volver y volver a familias de familias? Miedo tienen sí, están petrificados... pero no es que me teman a mi, después de todo ¿Qué les puede hacer una vieja centenaria y gruñona? Es que si dejaran de venir, no se la podrían con su propia culpa.
- ¿Culpa de qué?
- De que las cosas estén como estén - Me mira como si yo no fuera entender, con una nostalgia secreta y prohibida que me sabe a lástima - De que yo esté acá sola en esta casona y todo lo que les he enseñado, a los que les he enseñado, y que ha servido para sus vidas parezca ser ajeno conmigo, estéril. Y ellos mismos se preguntan, que hice mal de lo que dije si a ellos les resultó aceptablemente bien, pasable, excelente. Y con sus hijos es solo costumbre, repetición; lo tienen muy adentro ya, el venir; esa culpa congénita que traspasó el cordón umbilical desde sus madres - Puedo notar una tristeza infinita encerrada en su voz, gritando sin fuerza, queriendo hacer acto de presencia y derribar la armadura invisible que la vieja se colocó en su desesperación, toma aire, tose y de pronto su voz se vuelve a endurecer y esa tristeza ahogada que antes noté no parece más que producto de mi imaginación - ahora ¿Quieres que les diga que no vengan más? Me suplicarán por volver, se preguntarán que hicieron mal. - Tan lúcida.
- Y yo seré el culpable ¿cierto? Entonces me van a odiar. - Lo digo ausente, ajeno; tal vez contagiado por su cinismo; si ella le da la espalda a la familia, la familia se preguntará qué hizo mal; la culpa no los dejará dormir hasta obtener su perdón. La vieja tiene razón.
- Captas rápido niño, saca un cigarro de mi delantal y préndelo, si quieres saca otro para ti- Obedezco.
- No fumo señora- No la puedo llamar Mamita. Nunca podría, en realidad.
- Pues bien me parece. Ahora hazte hombre y sácate un cigarro- Vuelvo a obedecer. Me ofrece fuego y asiento acercándole mi cigarro.
- ¿Entonces todo queda en nada? Esto nunca pasó ¿y usted vuelve a hacerse la sorda, la ciega, la demente? No la entiendo ¿Por qué nos hace creer que está decrépita? No es que dejaríamos de venir si usted se mostrase siempre lúcida ¿No? Podría ser hasta más entretenido para ambas partes ¿No? No la visitamos solo por ser sus niñeros, usted misma me lo acaba de decir, nos crió para volver ¿No?
- No hay nada qué entender mijo, ya váyase a su casa. - Ahoga una respuesta más larga, me da la espalda y con un suspiro desaparece tras una puerta anónima, idéntica a las demás. En verdad quiero entenderla, de pronto no es tan terrible ni tan detestable. De pronto no soy tan diferente a ella, podría haber sido mi hermana si hubiera nacido unos ochenta años mas tarde, claro. De pronto no me es más que una viejita chocha que tiene el mismo miedo maldito que nos escolta y persigue a sangre fría a todos nosotros desde nuestras mismas cunas; a la soledad.
A la soledad y a ella misma.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Status Quo
Empieza la entrevista de trabajo y la entrevistadora, intrigada por el "desafío" implícito en el currículum que sostiene en sus manos, no puede evitar preguntarle:
- ¿Cómo puede saber que mi pregunta siempre será mas coherente que su respuesta? -
- Simple; por los rinocerontes dietéticos morados. -
- ¿Cómo puede saber que mi pregunta siempre será mas coherente que su respuesta? -
- Simple; por los rinocerontes dietéticos morados. -
lunes, 15 de noviembre de 2010
El viaje del prisionero
Reproducir. Empieza a sonar la canción número cuatro en mis oidos al tiempo que una mujer se incorpora e indica que se bajará en el próximo paradero, al rato la micro se detiene y ella desciende a tropezones. Nadie se inmuta ni se acerca al lugar que ésta desocupó. Tengo asiento.
- Disculpe joven, ¿esta micro va hasta Plaza de Maipú? - Volteo. Me mira con sus estropeados ojos de anciana, expectante; vacilo un momento. Por algún motivo no me atreví a confesarle a aquella señora que no tenía idea ni me importaba hacia donde iba esta micro, que todo lo que quería era ir a algún lado tan lejos cómo para no saber como volver, que sólo me subí a la primera que se detuvo en el paradero y ya, sin fijarme siquiera en el trayecto, dije permiso y me apresuré en confundirme entre la maraña de gente apretujada entre sí para no arriesgarme a que el chofer ahogase mi plan con su respuesta; que solo estaba huyendo de todo y de nada en concreto y por mí ésta micro podía ir a Bellavista o a Viña del mar si al chofer le diese la regalada gana. Se apoderó de mí una sensación de ridículo.
- Si, si; pero estamos lejos- Dije automáticamente, oyendo las palabras resonar en mi mente mucho después de pronunciadas. ¿Sabes? no soy yo ése quien habla a través de mis labios con esas, mis palabras ajenas, lo juro. Pero a usted no le importa y como parece no importarle a nadie más acá, no importa en absoluto quien escupe las palabras de mi boca; yo, ése, aquel, éso, éllo. Conque se articulen sonidos inteligibles todo está bien.
- Gracias mijito - La vieja me sonríe y eso solo aumenta mi noción de ridículo, de pronto empieza la quinta canción y la batería ensordecedora y enérgica asfixia mis pensamientos, es curioso que los audífonos generen la ilusión de que la música sale de dentro de la cabeza más que de alrededor de ésta; miro por la ventana y veo el esbozo de mi reflejo más que a la gente en la calle siempre igual, niños entran a sus casas y ¿por qué yo no? porque son todos unos estúpidos allá. Porque si vuelvo se sumarían golpes a los gritos y gritos a los lloros. Porque no estoy para soportar cosas así en un momento como éste.
- Disculpe, estoy cansada y mi bebé no se queda dormido, ¿podría cederme su asiento? - Sexta canción. Sí, sí puedo.
- Me senté primero, lo siento - Escruto furiosamente a la joven madre, ¿por qué me dice "usted" si es visiblemente al menos unos cinco años mayor que yo? ¡No quiero que me traten de usted! Soy un niño por la mierda, un adolescente que no es adulto ni bebé. ¡Un niño de catorce años, gente de mierda! Ahora ella estaba sentada, no noté en que momento me fui a parar y caminé lo mas al fondo posible, quise desaparecer de la vista de todo aquel que escuchó mi respuesta en la longitud de la micro. "La séptima canción es melancólica" me dije mirando irremediablemente al piso. Después de un rato levanté la vista y a través de la ventana no se asomaba nada que me fuese conocido, "estoy lejos" me dije sin poder evitar esbozar una sonrisa.
No quería pensar en lo que me hizo subir de impulso a la micro sin destino, sin sentido y también sin coraje. ¿Si soy muy grande para que me griten por qué no lo confronté? A mi papá le tengo miedo y al fracaso también. Al futuro, de pronto razón él tendría en sus sentidos golpes o en llamarme pendejo inútil. Eso estaba siendo yo ahora al huir. Pero no puedo volver. Tampoco puedo no volver, el rapero que unas cuadras atrás se subió a la micro empieza a melodramatizar una historia cliché mientras la gente con dramas reales y ocultos al escrutinio de mi mirada le extiende la mano con monedas.
¿Y que será de ella, Fernanda, si no vuelvo? Esperándome en esa casa ajena con esa gente ajena que es tan mía y aún así no la quiero. Menos la quiero a ella, pero tengo que hacerme cargo, ser responsable, si tan solo pudiera... Soy tan egoísta. La octava canción parte recordándomelo y no quiero. Yo debería ser el que mendiga acá, pero no dinero ni ayuda material, sino valor. El valor suficiente para bajarme de la micro dondequiera que esté, cruzar la calle y tomar la misma micro de vuelta, caminar las dos cuadras a mi casa, saltar el portón que está malo y entrar por esa triste puerta café con mi llave. Pararme firme y decirle a mi papá sin una traza de duda en la voz: "las cagué, putéame, golpéame, ódiame por siempre, pero voy a tener un hijo y no voy a huir más. Si no me piensas apoyar, mejor cállate; pero si te es necesario, adelante, hazme mierda". La novena canción me dice que no soy capaz, ¿pero qué sabe ésta? Me apresuro a presionar "siguiente" en el reproductor y la décima canción tampoco me gusta, pero no me juzga al menos. ¿Y qué si me juzgase? No puedo seguir huyendo de todo lo que se me pone enfrente, después de todo sí era algo concreto, responsabilidad.
Cariño volveré por ti, aunque no te quiera y quizá no sepa lo que es querer o luchar, aprenderé; tengo toda una vida por delante. - Voy a bajar - en el siguiente paradero, voy a escapar de escapar y me dicen que eso es pelear. Pues entonces voy a pelear, no por lo que ahora quiero sino por lo que tengo, no va a acabar así; no podría. La primera canción del álbum, habla de mi, del prisionero; de quién nunca mas quiero oír hablar si no es en tiempo pasado. Presioné reproducir en esa casa, cuando mi papá cerró la puerta colérico y me empujó hacia el sillón, cuando me dijo que los padres de Fernanda lo habían llamado al trabajo y él sin pensarlo vino a esa, nuestra, casa y estaba ella, ajena, conmigo; apestábamos a sexo supongo, siempre olíamos a sexo en esa casa; pero yo; apestaba a indecisión. Prendí el mp3 para no escuchar su voz y me arrancó los audífonos de un manazo. No pude grabar en mi memoria la retahíla de insultos que siguieron a mi acto, yo estaba seguro de no merecer su trato, después de todo era solo un niño ¿no? Y él no era quién para tratarme así. Pero resulta que no soy más un niño y si no quiero que me trate así tengo irremediablemente que ganarme el derecho, no hay otra forma. La micro no para y - ¡Bajo! Puerta por favor- mi voz rompe abruptamente en el silencio relativo del vehículo, mi voz me hará volver a casa. ¿Hogar es donde el corazón esté? entonces soy un eterno huérfano, pero no le privaré de su hogar a mi madre, a mi padre, a mi Fernanda y a mi futuro hijo en su vientre. No. La micro se detiene en la onceava canción. Se abren las puertas y me apresuro hacia ellas. La micro se detuvo por última y definitiva vez para mi. La micro paró porque voy a ser papá.
Cruzo la pista hasta llegar al paradero de enfrente. Presiono "parar".
- Disculpe joven, ¿esta micro va hasta Plaza de Maipú? - Volteo. Me mira con sus estropeados ojos de anciana, expectante; vacilo un momento. Por algún motivo no me atreví a confesarle a aquella señora que no tenía idea ni me importaba hacia donde iba esta micro, que todo lo que quería era ir a algún lado tan lejos cómo para no saber como volver, que sólo me subí a la primera que se detuvo en el paradero y ya, sin fijarme siquiera en el trayecto, dije permiso y me apresuré en confundirme entre la maraña de gente apretujada entre sí para no arriesgarme a que el chofer ahogase mi plan con su respuesta; que solo estaba huyendo de todo y de nada en concreto y por mí ésta micro podía ir a Bellavista o a Viña del mar si al chofer le diese la regalada gana. Se apoderó de mí una sensación de ridículo.
- Si, si; pero estamos lejos- Dije automáticamente, oyendo las palabras resonar en mi mente mucho después de pronunciadas. ¿Sabes? no soy yo ése quien habla a través de mis labios con esas, mis palabras ajenas, lo juro. Pero a usted no le importa y como parece no importarle a nadie más acá, no importa en absoluto quien escupe las palabras de mi boca; yo, ése, aquel, éso, éllo. Conque se articulen sonidos inteligibles todo está bien.
- Gracias mijito - La vieja me sonríe y eso solo aumenta mi noción de ridículo, de pronto empieza la quinta canción y la batería ensordecedora y enérgica asfixia mis pensamientos, es curioso que los audífonos generen la ilusión de que la música sale de dentro de la cabeza más que de alrededor de ésta; miro por la ventana y veo el esbozo de mi reflejo más que a la gente en la calle siempre igual, niños entran a sus casas y ¿por qué yo no? porque son todos unos estúpidos allá. Porque si vuelvo se sumarían golpes a los gritos y gritos a los lloros. Porque no estoy para soportar cosas así en un momento como éste.
- Disculpe, estoy cansada y mi bebé no se queda dormido, ¿podría cederme su asiento? - Sexta canción. Sí, sí puedo.
- Me senté primero, lo siento - Escruto furiosamente a la joven madre, ¿por qué me dice "usted" si es visiblemente al menos unos cinco años mayor que yo? ¡No quiero que me traten de usted! Soy un niño por la mierda, un adolescente que no es adulto ni bebé. ¡Un niño de catorce años, gente de mierda! Ahora ella estaba sentada, no noté en que momento me fui a parar y caminé lo mas al fondo posible, quise desaparecer de la vista de todo aquel que escuchó mi respuesta en la longitud de la micro. "La séptima canción es melancólica" me dije mirando irremediablemente al piso. Después de un rato levanté la vista y a través de la ventana no se asomaba nada que me fuese conocido, "estoy lejos" me dije sin poder evitar esbozar una sonrisa.
No quería pensar en lo que me hizo subir de impulso a la micro sin destino, sin sentido y también sin coraje. ¿Si soy muy grande para que me griten por qué no lo confronté? A mi papá le tengo miedo y al fracaso también. Al futuro, de pronto razón él tendría en sus sentidos golpes o en llamarme pendejo inútil. Eso estaba siendo yo ahora al huir. Pero no puedo volver. Tampoco puedo no volver, el rapero que unas cuadras atrás se subió a la micro empieza a melodramatizar una historia cliché mientras la gente con dramas reales y ocultos al escrutinio de mi mirada le extiende la mano con monedas.
¿Y que será de ella, Fernanda, si no vuelvo? Esperándome en esa casa ajena con esa gente ajena que es tan mía y aún así no la quiero. Menos la quiero a ella, pero tengo que hacerme cargo, ser responsable, si tan solo pudiera... Soy tan egoísta. La octava canción parte recordándomelo y no quiero. Yo debería ser el que mendiga acá, pero no dinero ni ayuda material, sino valor. El valor suficiente para bajarme de la micro dondequiera que esté, cruzar la calle y tomar la misma micro de vuelta, caminar las dos cuadras a mi casa, saltar el portón que está malo y entrar por esa triste puerta café con mi llave. Pararme firme y decirle a mi papá sin una traza de duda en la voz: "las cagué, putéame, golpéame, ódiame por siempre, pero voy a tener un hijo y no voy a huir más. Si no me piensas apoyar, mejor cállate; pero si te es necesario, adelante, hazme mierda". La novena canción me dice que no soy capaz, ¿pero qué sabe ésta? Me apresuro a presionar "siguiente" en el reproductor y la décima canción tampoco me gusta, pero no me juzga al menos. ¿Y qué si me juzgase? No puedo seguir huyendo de todo lo que se me pone enfrente, después de todo sí era algo concreto, responsabilidad.
Cariño volveré por ti, aunque no te quiera y quizá no sepa lo que es querer o luchar, aprenderé; tengo toda una vida por delante. - Voy a bajar - en el siguiente paradero, voy a escapar de escapar y me dicen que eso es pelear. Pues entonces voy a pelear, no por lo que ahora quiero sino por lo que tengo, no va a acabar así; no podría. La primera canción del álbum, habla de mi, del prisionero; de quién nunca mas quiero oír hablar si no es en tiempo pasado. Presioné reproducir en esa casa, cuando mi papá cerró la puerta colérico y me empujó hacia el sillón, cuando me dijo que los padres de Fernanda lo habían llamado al trabajo y él sin pensarlo vino a esa, nuestra, casa y estaba ella, ajena, conmigo; apestábamos a sexo supongo, siempre olíamos a sexo en esa casa; pero yo; apestaba a indecisión. Prendí el mp3 para no escuchar su voz y me arrancó los audífonos de un manazo. No pude grabar en mi memoria la retahíla de insultos que siguieron a mi acto, yo estaba seguro de no merecer su trato, después de todo era solo un niño ¿no? Y él no era quién para tratarme así. Pero resulta que no soy más un niño y si no quiero que me trate así tengo irremediablemente que ganarme el derecho, no hay otra forma. La micro no para y - ¡Bajo! Puerta por favor- mi voz rompe abruptamente en el silencio relativo del vehículo, mi voz me hará volver a casa. ¿Hogar es donde el corazón esté? entonces soy un eterno huérfano, pero no le privaré de su hogar a mi madre, a mi padre, a mi Fernanda y a mi futuro hijo en su vientre. No. La micro se detiene en la onceava canción. Se abren las puertas y me apresuro hacia ellas. La micro se detuvo por última y definitiva vez para mi. La micro paró porque voy a ser papá.
Cruzo la pista hasta llegar al paradero de enfrente. Presiono "parar".
miércoles, 20 de octubre de 2010
Corazón de Limón
Antonia lo veía a lo lejos con impotencia en la mirada; no podía quererlo, no podía desearlo, no podía nisiquiera odiarlo ¿por qué? Porque Antonia tenía un limón en vez de corazón. Hace muchos muchos años su papito le dijo que si se portaba mal mal le cambiaría su corazón por un limón y no se lo devolvería nunca. Ella aún recuerda la dolorosa operación y la sensación sostenida de ahogo y desgarro que la invadieron mientras estuvo en la camilla. Apenas despertó, adolorida y desnuda, lo primero que le sorprendió fue el no sentir vergüenza, luego, se vistió y no sintió prisa; así que, se quedó echada en la camilla por horas y no sintió aburrimiento. Entonces, al no sentir preocupación, finalmente llegó a la conclusión de que los limones no son buenos conductores de los sentimientos, pero no sintió pena por ello.
En cambio ahora, ahora era todo diferente porque ella quería incluso sentirse mal por no quererlo, era tan lindo, tan simpático, tan atractivo, tan suyo si se lo propusiese. Pero, Antonia no podía amar a Nicolás porque Antonia tenía un limón que bombeaba jugo de limón por sus venas; entonces ella no era humana, era mímesis y apariencia, una mala imitación que se burlaba de toda persona que sentía y quería y sufría y se alegraba de verdad.
- Hola - Una gran sonrisa
- Hola - Antonia lo mira recelosa, quiere llorar pero no recuerda el procedimiento; no recuerda haber llorado siquiera una vez desde la dichosa operación. Cuántas veces le pidió a su padre que le devolviese el corazón, que lo prefería, que sería una niña buena, que no quería ser un monstruo. Un monstruo con corazón de limón. ¡Que no! Que debía aprender la lección, que era muy pronto y si no demostraba que lo merecía no tendría caso el devolverle su corazón. Que las niñas malcriadas no obtienen mas que limones, incluso de su propio padre. Hasta que poco tiempo despues murió & se llevó consigo el secreto del transplante, sepultando así para siempre la oportunidad de que ella volviera a sentir de nuevo. Nisiquiera lloró en el funeral, nisiquiera pudo maldecir a su papá por haberla jodido para siempre.
- Oye, hace tiempo que quería preguntarte algo-
- ¿Si? Y qué querías preguntarme - Ni nervios ni expectación, un monstruo como ella no lo merecía ni a él ni a su propio corazón para siempre perdido.
- Este... yo, yo cre.. vamos al cine el viernes- Gran y desastrosa sonrisa.
Antonia le rogaba al dios en el que no creía por que le dé una finísima hebra de sentimientos con la que ella pudiese tejer un telar de amor para él; no, un telar es demasiado poco; un mundo, definitivamente no porque los mundos son muy pequeños, entonces tejer un universo infinito de amor para Nicolás. Primero miró suplicante al cielo y nada, luego miró fijamente a Nicolás, como si en éste se encontrase, tímido y secreto, el dios mismo que le concedería el sentir. Miró anhelante, suplicante, esperanzada y finalmente resignada no pudo articular mas que un "¿por qué?".
Mierda. Lo desarmaría, nunca más la invitaría; toda esperanza perdida & de nuevo esa curiosa misma sensación del funeral de su padre. No era ni pena ni dolor, era la idea sobrecogedora de no poder sentir ni haber sentido nada al respecto. El viejo se muere y la deja con un limón en el pecho incipiente. El viejo cabrón y egoísta la deja sin padre, sin sentimientos y ahora sin amor; y da igual. Eso; todo lo que le molestó cuando su mamá, deshecha en lágrimas le dijo que su padre había muerto, fue que no recuperaría su corazón. Es más, incluso se molestó con su papá por morir antes de devolverle su corazón; y ella que tan buena había sido. Es un debilucho, un debilucho marica que no puede mantenerse vivo ni para cumplir una promesa. Que le devolvería su corazón cuando ella lo mereciese. Mintió irremediablemente. La gente es frágil porque está hecha de mentiras, y dios sabe que las mentiras son frágiles.
- ¿Porque quisiera ver una película contigo?, ¿por qué más sería?- respondió amablemente extrañado, ni una pizca de desilusión era adivinable en su voz.
- ¿Por qué eres tan malo conmigo? - No aguantó más, era una burla; ella quería quererlo, quería desearlo y por sobre todas las cosas quería odiarlo. Y su corazón de limón despreciable latía haciendo clac clac y no la dejaba pensar con claridad. Entonces sintió una calidez indescriptible, la calidez de su cuerpo contra el de Nicolás. La calidez de un abrazo que rompió su prisión autoimpuesta. Sin darse cuenta, lágrimas ácidas estaban brotando de sus ojos cerrados y caían en la unión de los labios de ambos, y eso era un beso. Beso dulce y amargo sabor a limonada. De pronto, tener un limón de corazón no era tan malo si podía llorar limonada, si lo amargo de sus labios se contrarrestaba con el azúcar de sus lágrimas y amalgamados eran sentimiento puro. Sentimiento incontaminado y a quemarropa. Antonia sonrió y no supo qué la hacía no parar de sonreír.
- ¿Eso es un sí? - Otra gran desastrosa sonrisa, pero esta vez era mutua.
En cambio ahora, ahora era todo diferente porque ella quería incluso sentirse mal por no quererlo, era tan lindo, tan simpático, tan atractivo, tan suyo si se lo propusiese. Pero, Antonia no podía amar a Nicolás porque Antonia tenía un limón que bombeaba jugo de limón por sus venas; entonces ella no era humana, era mímesis y apariencia, una mala imitación que se burlaba de toda persona que sentía y quería y sufría y se alegraba de verdad.
- Hola - Una gran sonrisa
- Hola - Antonia lo mira recelosa, quiere llorar pero no recuerda el procedimiento; no recuerda haber llorado siquiera una vez desde la dichosa operación. Cuántas veces le pidió a su padre que le devolviese el corazón, que lo prefería, que sería una niña buena, que no quería ser un monstruo. Un monstruo con corazón de limón. ¡Que no! Que debía aprender la lección, que era muy pronto y si no demostraba que lo merecía no tendría caso el devolverle su corazón. Que las niñas malcriadas no obtienen mas que limones, incluso de su propio padre. Hasta que poco tiempo despues murió & se llevó consigo el secreto del transplante, sepultando así para siempre la oportunidad de que ella volviera a sentir de nuevo. Nisiquiera lloró en el funeral, nisiquiera pudo maldecir a su papá por haberla jodido para siempre.
- Oye, hace tiempo que quería preguntarte algo-
- ¿Si? Y qué querías preguntarme - Ni nervios ni expectación, un monstruo como ella no lo merecía ni a él ni a su propio corazón para siempre perdido.
- Este... yo, yo cre.. vamos al cine el viernes- Gran y desastrosa sonrisa.
Antonia le rogaba al dios en el que no creía por que le dé una finísima hebra de sentimientos con la que ella pudiese tejer un telar de amor para él; no, un telar es demasiado poco; un mundo, definitivamente no porque los mundos son muy pequeños, entonces tejer un universo infinito de amor para Nicolás. Primero miró suplicante al cielo y nada, luego miró fijamente a Nicolás, como si en éste se encontrase, tímido y secreto, el dios mismo que le concedería el sentir. Miró anhelante, suplicante, esperanzada y finalmente resignada no pudo articular mas que un "¿por qué?".
Mierda. Lo desarmaría, nunca más la invitaría; toda esperanza perdida & de nuevo esa curiosa misma sensación del funeral de su padre. No era ni pena ni dolor, era la idea sobrecogedora de no poder sentir ni haber sentido nada al respecto. El viejo se muere y la deja con un limón en el pecho incipiente. El viejo cabrón y egoísta la deja sin padre, sin sentimientos y ahora sin amor; y da igual. Eso; todo lo que le molestó cuando su mamá, deshecha en lágrimas le dijo que su padre había muerto, fue que no recuperaría su corazón. Es más, incluso se molestó con su papá por morir antes de devolverle su corazón; y ella que tan buena había sido. Es un debilucho, un debilucho marica que no puede mantenerse vivo ni para cumplir una promesa. Que le devolvería su corazón cuando ella lo mereciese. Mintió irremediablemente. La gente es frágil porque está hecha de mentiras, y dios sabe que las mentiras son frágiles.
- ¿Porque quisiera ver una película contigo?, ¿por qué más sería?- respondió amablemente extrañado, ni una pizca de desilusión era adivinable en su voz.
- ¿Por qué eres tan malo conmigo? - No aguantó más, era una burla; ella quería quererlo, quería desearlo y por sobre todas las cosas quería odiarlo. Y su corazón de limón despreciable latía haciendo clac clac y no la dejaba pensar con claridad. Entonces sintió una calidez indescriptible, la calidez de su cuerpo contra el de Nicolás. La calidez de un abrazo que rompió su prisión autoimpuesta. Sin darse cuenta, lágrimas ácidas estaban brotando de sus ojos cerrados y caían en la unión de los labios de ambos, y eso era un beso. Beso dulce y amargo sabor a limonada. De pronto, tener un limón de corazón no era tan malo si podía llorar limonada, si lo amargo de sus labios se contrarrestaba con el azúcar de sus lágrimas y amalgamados eran sentimiento puro. Sentimiento incontaminado y a quemarropa. Antonia sonrió y no supo qué la hacía no parar de sonreír.
- ¿Eso es un sí? - Otra gran desastrosa sonrisa, pero esta vez era mutua.
lunes, 18 de octubre de 2010
Sin Conocimiento de Causa
¿Donde estoy? fué el segundo pensamiento que cruzó su confundida cabeza; distraído miró el dorso de su mano derecha. Se detuvo. Pensó un porqué rápido, ¿por qué lo haria?
Un reloj. Solía haber un reloj en su muñeca derecha, sin este no sabía ni el dia ni la hora. Se incorporó, pensó en como había terminado ahi, el cuarto medía unos tres metros de ancho y dos y medio de largo si su mente aún estimaba bien. Tenía rendijas en lo alto de cada pared por las que finos haces de luz molestaban sus ojos; una puerta derroída tal vez por las ratas o el paso del tiempo y olía a moho y humedad. No; era más que eso, el olor era apenas soportable, entonces él supo algo. No quería dejar de respirar ni disipar el hedor de su nariz. No supo por qué, pero en el cénit de su confusión fue un alivio tener una certeza. Sabía que no queria dejar de respirar, que no se permitiría parar de respirar, ese hedor; que era nausea y vida a la vez; era narcotizante. A esta altura ya no le importaba qué emanaba el olor. Respiraba humedad, sal y mierda y era feliz por eso. El olor era suyo y lo habría sido lo que durase la eternidad, representaba un límite del nuevo mundo que empezaba a descubrir y tenía que aferrarse a éste. Sintió como la paz de su última conclusión lo invadía. No quiso advertir que en esa habitación no reconocía nada mas. Se consideraba una persona audaz, asi que no reparó en cuanto temía lo inesperado ni cuanto añoraba el mundo aburrido que tanto decía despreciar.
En todo el cuarto no había mas que bolsas de basura negras vacías apiladas en un mesón y una vela derretida encima de éste; intuyó que era de día porque podía ver sin dificultad y que era un lindo dia porque sentía el rumor de la naturaleza envolver la habitación generando una acústica de calma prístina. ¡Estaba en el campo! o al menos lejos de la civilización.
Todo atisbo de tranquilidad anterior se desvaneció repentinamente y la desesperación se apoderó de él. ¿Como habia llegado allí? ¿Que dia podía ser? ¿Desde cuando estaba allí? La última noche que recuerda fue cuando iba a declararsele a ella; Lucía; la había conocido esa misma mañana en una micro camino a su universidad y ese día ambos dejaron sus vidas en suspenso; y esquivaron la rutina vagando por las calles deteniendose para comer o ir al baño en los mas variopintos lugares. ¿Que hora era la última que marcó su reloj ante sus ojos? probablemente nisiquiera alcanzaba a ser noche, se abandonó al momento y renunció a toda noción de tiempo. No recuerda haber visto su reloj mas que dos veces en todo el día y cuando lo vió, lo vió con ojos de autómata, casi sin quererlo; tanto así que no recuerda ninguna de las dos horas que este marcaba. Concluyó que ese había sido probablemente el mejor dia de su vida, de pronto se sintió ridiculo y fuera de lugar, como podía pensar en eso; ¿volvería a saber de ella? Idiota, concentraté. ¿Tendría pareja acaso? Nunca se lo preguntó. Estúpido, se razonable.
¡Debía salir de ese cuarto primero! Pero antes de que su cuerpo obedeciera su conclusión recordó lo primero que pensó al despertar, de pronto vio negro y luego borroso y negro de nuevo.
Estaba en el piso. Él estaba en el piso, la sensasión devuelta al piso era mas calida de lo que pudiera imaginar cualquier persona, se sentía comodo y a gusto. ¿Pero por qué? Antes de inferir cualquier respuesta notó como su cuerpo ya había dejado de obedecerle por completo, su mente se encontraba suspendida en el espacio y sentía cómo el tiempo se desvirtuaba hasta abandonarlo por completo. Se había quedado solo con sus pensamientos.
A estas alturas llorar o quejarse no solo era ridículo sinó inutil. Había dado 3 pasos desde la esquina donde despertó hasta donde se desmayó. Mecánicamente vovió a su muñeca derecha; nada, nisiquiera una pista que le devolviese la noción de tiempo a su realidad. Cojeaba mentalmente hasta una explicación que al menos lo dejase tranquilo.
Entraba la noche y su último recuerdo hasta el momento es el sabor de la saliva de Lucía, sus labios eran suaves y extasiantes. Pensó enamorarse, comprendió que creía en el amor. Mas... no se atrevía a declararse, un beso fuera de todo contexto no es más que un beso. Ese beso, él podría jurar que era el más dulce, hubiera muerto por besarla de nuevo.
¡Dolor! De vuelta a la realidad. Notó que de nuevo podía moverse y repentinamente vió a su alrededor, había dejado un camino de sangre en sus tres pasos. No alcanzó siquiera a horrorizarse, se levantó la polera y notó la herida, estaba abierta y rebosaba en sangre; probablemente estaba infectada o ya había perdido mucha sangre. Su último pensamiento y el primero al despertar; "me siento ligero", de todos modos íba a morir y porfín todo calzó. No podría haberlo explicado de alguien haberle preguntado en ese momento; pero, comprender que probablemente le faltaba algún organo, que la incisión aún no había cerrado ni alcanzaría a cerrar a tiempo para volverla a ver, a Lucía y que la misma Lucía era la causa lo dejaba bastante tranquilo para morir. No sintió paz, pero que mas dá. Se dijo a si mismo que era algo parecido.
Un reloj. Solía haber un reloj en su muñeca derecha, sin este no sabía ni el dia ni la hora. Se incorporó, pensó en como había terminado ahi, el cuarto medía unos tres metros de ancho y dos y medio de largo si su mente aún estimaba bien. Tenía rendijas en lo alto de cada pared por las que finos haces de luz molestaban sus ojos; una puerta derroída tal vez por las ratas o el paso del tiempo y olía a moho y humedad. No; era más que eso, el olor era apenas soportable, entonces él supo algo. No quería dejar de respirar ni disipar el hedor de su nariz. No supo por qué, pero en el cénit de su confusión fue un alivio tener una certeza. Sabía que no queria dejar de respirar, que no se permitiría parar de respirar, ese hedor; que era nausea y vida a la vez; era narcotizante. A esta altura ya no le importaba qué emanaba el olor. Respiraba humedad, sal y mierda y era feliz por eso. El olor era suyo y lo habría sido lo que durase la eternidad, representaba un límite del nuevo mundo que empezaba a descubrir y tenía que aferrarse a éste. Sintió como la paz de su última conclusión lo invadía. No quiso advertir que en esa habitación no reconocía nada mas. Se consideraba una persona audaz, asi que no reparó en cuanto temía lo inesperado ni cuanto añoraba el mundo aburrido que tanto decía despreciar.
En todo el cuarto no había mas que bolsas de basura negras vacías apiladas en un mesón y una vela derretida encima de éste; intuyó que era de día porque podía ver sin dificultad y que era un lindo dia porque sentía el rumor de la naturaleza envolver la habitación generando una acústica de calma prístina. ¡Estaba en el campo! o al menos lejos de la civilización.
Todo atisbo de tranquilidad anterior se desvaneció repentinamente y la desesperación se apoderó de él. ¿Como habia llegado allí? ¿Que dia podía ser? ¿Desde cuando estaba allí? La última noche que recuerda fue cuando iba a declararsele a ella; Lucía; la había conocido esa misma mañana en una micro camino a su universidad y ese día ambos dejaron sus vidas en suspenso; y esquivaron la rutina vagando por las calles deteniendose para comer o ir al baño en los mas variopintos lugares. ¿Que hora era la última que marcó su reloj ante sus ojos? probablemente nisiquiera alcanzaba a ser noche, se abandonó al momento y renunció a toda noción de tiempo. No recuerda haber visto su reloj mas que dos veces en todo el día y cuando lo vió, lo vió con ojos de autómata, casi sin quererlo; tanto así que no recuerda ninguna de las dos horas que este marcaba. Concluyó que ese había sido probablemente el mejor dia de su vida, de pronto se sintió ridiculo y fuera de lugar, como podía pensar en eso; ¿volvería a saber de ella? Idiota, concentraté. ¿Tendría pareja acaso? Nunca se lo preguntó. Estúpido, se razonable.
¡Debía salir de ese cuarto primero! Pero antes de que su cuerpo obedeciera su conclusión recordó lo primero que pensó al despertar, de pronto vio negro y luego borroso y negro de nuevo.
Estaba en el piso. Él estaba en el piso, la sensasión devuelta al piso era mas calida de lo que pudiera imaginar cualquier persona, se sentía comodo y a gusto. ¿Pero por qué? Antes de inferir cualquier respuesta notó como su cuerpo ya había dejado de obedecerle por completo, su mente se encontraba suspendida en el espacio y sentía cómo el tiempo se desvirtuaba hasta abandonarlo por completo. Se había quedado solo con sus pensamientos.
A estas alturas llorar o quejarse no solo era ridículo sinó inutil. Había dado 3 pasos desde la esquina donde despertó hasta donde se desmayó. Mecánicamente vovió a su muñeca derecha; nada, nisiquiera una pista que le devolviese la noción de tiempo a su realidad. Cojeaba mentalmente hasta una explicación que al menos lo dejase tranquilo.
Entraba la noche y su último recuerdo hasta el momento es el sabor de la saliva de Lucía, sus labios eran suaves y extasiantes. Pensó enamorarse, comprendió que creía en el amor. Mas... no se atrevía a declararse, un beso fuera de todo contexto no es más que un beso. Ese beso, él podría jurar que era el más dulce, hubiera muerto por besarla de nuevo.
¡Dolor! De vuelta a la realidad. Notó que de nuevo podía moverse y repentinamente vió a su alrededor, había dejado un camino de sangre en sus tres pasos. No alcanzó siquiera a horrorizarse, se levantó la polera y notó la herida, estaba abierta y rebosaba en sangre; probablemente estaba infectada o ya había perdido mucha sangre. Su último pensamiento y el primero al despertar; "me siento ligero", de todos modos íba a morir y porfín todo calzó. No podría haberlo explicado de alguien haberle preguntado en ese momento; pero, comprender que probablemente le faltaba algún organo, que la incisión aún no había cerrado ni alcanzaría a cerrar a tiempo para volverla a ver, a Lucía y que la misma Lucía era la causa lo dejaba bastante tranquilo para morir. No sintió paz, pero que mas dá. Se dijo a si mismo que era algo parecido.
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