¿Donde estoy? fué el segundo pensamiento que cruzó su confundida cabeza; distraído miró el dorso de su mano derecha. Se detuvo. Pensó un porqué rápido, ¿por qué lo haria?
Un reloj. Solía haber un reloj en su muñeca derecha, sin este no sabía ni el dia ni la hora. Se incorporó, pensó en como había terminado ahi, el cuarto medía unos tres metros de ancho y dos y medio de largo si su mente aún estimaba bien. Tenía rendijas en lo alto de cada pared por las que finos haces de luz molestaban sus ojos; una puerta derroída tal vez por las ratas o el paso del tiempo y olía a moho y humedad. No; era más que eso, el olor era apenas soportable, entonces él supo algo. No quería dejar de respirar ni disipar el hedor de su nariz. No supo por qué, pero en el cénit de su confusión fue un alivio tener una certeza. Sabía que no queria dejar de respirar, que no se permitiría parar de respirar, ese hedor; que era nausea y vida a la vez; era narcotizante. A esta altura ya no le importaba qué emanaba el olor. Respiraba humedad, sal y mierda y era feliz por eso. El olor era suyo y lo habría sido lo que durase la eternidad, representaba un límite del nuevo mundo que empezaba a descubrir y tenía que aferrarse a éste. Sintió como la paz de su última conclusión lo invadía. No quiso advertir que en esa habitación no reconocía nada mas. Se consideraba una persona audaz, asi que no reparó en cuanto temía lo inesperado ni cuanto añoraba el mundo aburrido que tanto decía despreciar.
En todo el cuarto no había mas que bolsas de basura negras vacías apiladas en un mesón y una vela derretida encima de éste; intuyó que era de día porque podía ver sin dificultad y que era un lindo dia porque sentía el rumor de la naturaleza envolver la habitación generando una acústica de calma prístina. ¡Estaba en el campo! o al menos lejos de la civilización.
Todo atisbo de tranquilidad anterior se desvaneció repentinamente y la desesperación se apoderó de él. ¿Como habia llegado allí? ¿Que dia podía ser? ¿Desde cuando estaba allí? La última noche que recuerda fue cuando iba a declararsele a ella; Lucía; la había conocido esa misma mañana en una micro camino a su universidad y ese día ambos dejaron sus vidas en suspenso; y esquivaron la rutina vagando por las calles deteniendose para comer o ir al baño en los mas variopintos lugares. ¿Que hora era la última que marcó su reloj ante sus ojos? probablemente nisiquiera alcanzaba a ser noche, se abandonó al momento y renunció a toda noción de tiempo. No recuerda haber visto su reloj mas que dos veces en todo el día y cuando lo vió, lo vió con ojos de autómata, casi sin quererlo; tanto así que no recuerda ninguna de las dos horas que este marcaba. Concluyó que ese había sido probablemente el mejor dia de su vida, de pronto se sintió ridiculo y fuera de lugar, como podía pensar en eso; ¿volvería a saber de ella? Idiota, concentraté. ¿Tendría pareja acaso? Nunca se lo preguntó. Estúpido, se razonable.
¡Debía salir de ese cuarto primero! Pero antes de que su cuerpo obedeciera su conclusión recordó lo primero que pensó al despertar, de pronto vio negro y luego borroso y negro de nuevo.
Estaba en el piso. Él estaba en el piso, la sensasión devuelta al piso era mas calida de lo que pudiera imaginar cualquier persona, se sentía comodo y a gusto. ¿Pero por qué? Antes de inferir cualquier respuesta notó como su cuerpo ya había dejado de obedecerle por completo, su mente se encontraba suspendida en el espacio y sentía cómo el tiempo se desvirtuaba hasta abandonarlo por completo. Se había quedado solo con sus pensamientos.
A estas alturas llorar o quejarse no solo era ridículo sinó inutil. Había dado 3 pasos desde la esquina donde despertó hasta donde se desmayó. Mecánicamente vovió a su muñeca derecha; nada, nisiquiera una pista que le devolviese la noción de tiempo a su realidad. Cojeaba mentalmente hasta una explicación que al menos lo dejase tranquilo.
Entraba la noche y su último recuerdo hasta el momento es el sabor de la saliva de Lucía, sus labios eran suaves y extasiantes. Pensó enamorarse, comprendió que creía en el amor. Mas... no se atrevía a declararse, un beso fuera de todo contexto no es más que un beso. Ese beso, él podría jurar que era el más dulce, hubiera muerto por besarla de nuevo.
¡Dolor! De vuelta a la realidad. Notó que de nuevo podía moverse y repentinamente vió a su alrededor, había dejado un camino de sangre en sus tres pasos. No alcanzó siquiera a horrorizarse, se levantó la polera y notó la herida, estaba abierta y rebosaba en sangre; probablemente estaba infectada o ya había perdido mucha sangre. Su último pensamiento y el primero al despertar; "me siento ligero", de todos modos íba a morir y porfín todo calzó. No podría haberlo explicado de alguien haberle preguntado en ese momento; pero, comprender que probablemente le faltaba algún organo, que la incisión aún no había cerrado ni alcanzaría a cerrar a tiempo para volverla a ver, a Lucía y que la misma Lucía era la causa lo dejaba bastante tranquilo para morir. No sintió paz, pero que mas dá. Se dijo a si mismo que era algo parecido.
jsakjsaksa xD puucha no se habia comentadooo DDD:
ResponderEliminarahora si te comente.....
*O* hermooosooooo *O*
Bastante.... interesante y original a mi parecer que paso leyendo cosas cursis o con el tipico final donde atropellan a la chica.
ResponderEliminarExpresas bastante bien los sentimientos en la historia, me ha gustado mucho.
o te crítico la grámatica ni ortografía pa no ser mata pasiones xD aunque tampoco tienes tantos errores.
Chori, preciso y sencillo.
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