Oigo la puerta trasera abrirse desde el dormitorio, me incorporo, estoy en sólo calzones, me pongo un camisón y grito hacia abajo sin disimular cierta caprichosa molestia -¿Por qué entras por la puerta trasera?- Y más encima me preguntas, ¿qué no puedo hacer tal cosa en mi propia casa? Bajo las escaleras a tu encuentro, "Olvidé las llaves en el trabajo y siempre dejas la puerta de atrás abierta" me dices y de pronto te detesto. No te respondo porque me preguntes, porque me importes, porque te tema; te respondo para que no temas, para que no preguntes más, para que te deje de importar. Y claro, ahora estas de pie al frente mío, conteniendo una sonrisa impecable, de terno impecable que cubre ese, tu cuerpo impecable; ya sin correr a abrazarme y así amarnos indefiniendo nuestros cuerpos, por horas, por siempre... y yo sin insinuártelo con la mirada. Como el amor que se marchita más temprano que tarde y tú llegaste temprano. ¿Lo notas? Llegué temprano si, no por verte sino para después de hoy, no verte nunca más.
Te acercas con las manos ocultas tras tu espalda y adivino una sorpresa pero de pronto duele. Me duele mucho y no entiendo nada. Un golpe certero seguido de vidrio frio penetrando tu piel y caes al piso y un ligero charco de sangre va naciendo de tu nuca sin alterar tu expresión atónita.