miércoles, 20 de octubre de 2010

Corazón de Limón

Antonia lo veía a lo lejos con impotencia en la mirada; no podía quererlo, no podía desearlo, no podía nisiquiera odiarlo ¿por qué? Porque Antonia tenía un limón en vez de corazón. Hace muchos muchos años su papito le dijo que si se portaba mal mal le cambiaría su corazón por un limón y no se lo devolvería nunca. Ella aún recuerda la dolorosa operación y la sensación sostenida de ahogo y desgarro que la invadieron mientras estuvo en la camilla. Apenas despertó, adolorida y desnuda, lo primero que le sorprendió fue el no sentir vergüenza, luego, se vistió y no sintió prisa; así que, se quedó echada en la camilla por horas y no sintió aburrimiento. Entonces, al no sentir preocupación, finalmente llegó a la conclusión de que los limones no son buenos conductores de los sentimientos, pero no sintió pena por ello.

En cambio ahora, ahora era todo diferente porque ella quería incluso sentirse mal por no quererlo, era tan lindo, tan simpático, tan atractivo, tan suyo si se lo propusiese. Pero, Antonia no podía amar a Nicolás porque Antonia tenía un limón que bombeaba jugo de limón por sus venas; entonces ella no era humana, era mímesis y apariencia, una mala imitación que se burlaba de toda persona que sentía y quería y sufría y se alegraba de verdad.
- Hola - Una gran sonrisa
- Hola - Antonia lo mira recelosa, quiere llorar pero no recuerda el procedimiento; no recuerda haber llorado siquiera una vez desde la dichosa operación. Cuántas veces le pidió a su padre que le devolviese el corazón, que lo prefería, que sería una niña buena, que no quería ser un monstruo. Un monstruo con corazón de limón. ¡Que no! Que debía aprender la lección, que era muy pronto y si no demostraba que lo merecía no tendría caso el devolverle su corazón. Que las niñas malcriadas no obtienen mas que limones, incluso de su propio padre. Hasta que poco tiempo despues murió & se llevó consigo el secreto del transplante, sepultando así para siempre la oportunidad de que ella volviera a sentir de nuevo. Nisiquiera lloró en el funeral, nisiquiera pudo maldecir a su papá por haberla jodido para siempre.
- Oye, hace tiempo que quería preguntarte algo-
- ¿Si? Y qué querías preguntarme - Ni nervios ni expectación, un monstruo como ella no lo merecía ni a él ni a su propio corazón para siempre perdido.
- Este... yo, yo cre.. vamos al cine el viernes- Gran y desastrosa sonrisa.
Antonia le rogaba al dios en el que no creía por que le dé una finísima hebra de sentimientos con la que ella pudiese tejer un telar de amor para él; no, un telar es demasiado poco; un mundo, definitivamente no porque los mundos son muy pequeños, entonces tejer un universo infinito de amor para Nicolás. Primero miró suplicante al cielo y nada, luego miró fijamente a Nicolás, como si en éste se encontrase, tímido y secreto, el dios mismo que le concedería el sentir. Miró anhelante, suplicante, esperanzada y finalmente resignada no pudo articular mas que un "¿por qué?".
Mierda. Lo desarmaría, nunca más la invitaría; toda esperanza perdida & de nuevo esa curiosa misma sensación del funeral de su padre. No era ni pena ni dolor, era la idea sobrecogedora de no poder sentir ni haber sentido nada al respecto. El viejo se muere y la deja con un limón en el pecho incipiente. El viejo cabrón y egoísta la deja sin padre, sin sentimientos y ahora sin amor; y da igual. Eso; todo lo que le molestó cuando su mamá, deshecha en lágrimas le dijo que su padre había muerto, fue que no recuperaría su corazón. Es más, incluso se molestó con su papá por morir antes de devolverle su corazón; y ella que tan buena había sido. Es un debilucho, un debilucho marica que no puede mantenerse vivo ni para cumplir una promesa. Que le devolvería su corazón cuando ella lo mereciese. Mintió irremediablemente. La gente es frágil porque está hecha de mentiras, y dios sabe que las mentiras son frágiles.

- ¿Porque quisiera ver una película contigo?, ¿por qué más sería?- respondió amablemente extrañado, ni una pizca de desilusión era adivinable en su voz.
- ¿Por qué eres tan malo conmigo? - No aguantó más, era una burla; ella quería quererlo, quería desearlo y por sobre todas las cosas quería odiarlo. Y su corazón de limón despreciable latía haciendo clac clac y no la dejaba pensar con claridad. Entonces sintió una calidez indescriptible, la calidez de su cuerpo contra el de Nicolás. La calidez de un abrazo que rompió su prisión autoimpuesta. Sin darse cuenta, lágrimas ácidas estaban brotando de sus ojos cerrados y caían en la unión de los labios de ambos, y eso era un beso. Beso dulce y amargo sabor a limonada. De pronto, tener un limón de corazón no era tan malo si podía llorar limonada, si lo amargo de sus labios se contrarrestaba con el azúcar de sus lágrimas y amalgamados eran sentimiento puro. Sentimiento incontaminado y a quemarropa. Antonia sonrió y no supo qué la hacía no parar de sonreír.
- ¿Eso es un sí? - Otra gran desastrosa sonrisa, pero esta vez era mutua.

4 comentarios:

  1. Wow, de verdad eres bueno ara esto, esta muy lindo. Los errores me los guardo porque lo arruinarían x3
    Simplemente esta precioso, las casi metaforas que usas me facinan.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. La historia se parece a un comic que leí hace poco. Igualmente, me gustó la historia, es adorable.

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