Reproducir. Empieza a sonar la canción número cuatro en mis oidos al tiempo que una mujer se incorpora e indica que se bajará en el próximo paradero, al rato la micro se detiene y ella desciende a tropezones. Nadie se inmuta ni se acerca al lugar que ésta desocupó. Tengo asiento.
- Disculpe joven, ¿esta micro va hasta Plaza de Maipú? - Volteo. Me mira con sus estropeados ojos de anciana, expectante; vacilo un momento. Por algún motivo no me atreví a confesarle a aquella señora que no tenía idea ni me importaba hacia donde iba esta micro, que todo lo que quería era ir a algún lado tan lejos cómo para no saber como volver, que sólo me subí a la primera que se detuvo en el paradero y ya, sin fijarme siquiera en el trayecto, dije permiso y me apresuré en confundirme entre la maraña de gente apretujada entre sí para no arriesgarme a que el chofer ahogase mi plan con su respuesta; que solo estaba huyendo de todo y de nada en concreto y por mí ésta micro podía ir a Bellavista o a Viña del mar si al chofer le diese la regalada gana. Se apoderó de mí una sensación de ridículo.
- Si, si; pero estamos lejos- Dije automáticamente, oyendo las palabras resonar en mi mente mucho después de pronunciadas. ¿Sabes? no soy yo ése quien habla a través de mis labios con esas, mis palabras ajenas, lo juro. Pero a usted no le importa y como parece no importarle a nadie más acá, no importa en absoluto quien escupe las palabras de mi boca; yo, ése, aquel, éso, éllo. Conque se articulen sonidos inteligibles todo está bien.
- Gracias mijito - La vieja me sonríe y eso solo aumenta mi noción de ridículo, de pronto empieza la quinta canción y la batería ensordecedora y enérgica asfixia mis pensamientos, es curioso que los audífonos generen la ilusión de que la música sale de dentro de la cabeza más que de alrededor de ésta; miro por la ventana y veo el esbozo de mi reflejo más que a la gente en la calle siempre igual, niños entran a sus casas y ¿por qué yo no? porque son todos unos estúpidos allá. Porque si vuelvo se sumarían golpes a los gritos y gritos a los lloros. Porque no estoy para soportar cosas así en un momento como éste.
- Disculpe, estoy cansada y mi bebé no se queda dormido, ¿podría cederme su asiento? - Sexta canción. Sí, sí puedo.
- Me senté primero, lo siento - Escruto furiosamente a la joven madre, ¿por qué me dice "usted" si es visiblemente al menos unos cinco años mayor que yo? ¡No quiero que me traten de usted! Soy un niño por la mierda, un adolescente que no es adulto ni bebé. ¡Un niño de catorce años, gente de mierda! Ahora ella estaba sentada, no noté en que momento me fui a parar y caminé lo mas al fondo posible, quise desaparecer de la vista de todo aquel que escuchó mi respuesta en la longitud de la micro. "La séptima canción es melancólica" me dije mirando irremediablemente al piso. Después de un rato levanté la vista y a través de la ventana no se asomaba nada que me fuese conocido, "estoy lejos" me dije sin poder evitar esbozar una sonrisa.
No quería pensar en lo que me hizo subir de impulso a la micro sin destino, sin sentido y también sin coraje. ¿Si soy muy grande para que me griten por qué no lo confronté? A mi papá le tengo miedo y al fracaso también. Al futuro, de pronto razón él tendría en sus sentidos golpes o en llamarme pendejo inútil. Eso estaba siendo yo ahora al huir. Pero no puedo volver. Tampoco puedo no volver, el rapero que unas cuadras atrás se subió a la micro empieza a melodramatizar una historia cliché mientras la gente con dramas reales y ocultos al escrutinio de mi mirada le extiende la mano con monedas.
¿Y que será de ella, Fernanda, si no vuelvo? Esperándome en esa casa ajena con esa gente ajena que es tan mía y aún así no la quiero. Menos la quiero a ella, pero tengo que hacerme cargo, ser responsable, si tan solo pudiera... Soy tan egoísta. La octava canción parte recordándomelo y no quiero. Yo debería ser el que mendiga acá, pero no dinero ni ayuda material, sino valor. El valor suficiente para bajarme de la micro dondequiera que esté, cruzar la calle y tomar la misma micro de vuelta, caminar las dos cuadras a mi casa, saltar el portón que está malo y entrar por esa triste puerta café con mi llave. Pararme firme y decirle a mi papá sin una traza de duda en la voz: "las cagué, putéame, golpéame, ódiame por siempre, pero voy a tener un hijo y no voy a huir más. Si no me piensas apoyar, mejor cállate; pero si te es necesario, adelante, hazme mierda". La novena canción me dice que no soy capaz, ¿pero qué sabe ésta? Me apresuro a presionar "siguiente" en el reproductor y la décima canción tampoco me gusta, pero no me juzga al menos. ¿Y qué si me juzgase? No puedo seguir huyendo de todo lo que se me pone enfrente, después de todo sí era algo concreto, responsabilidad.
Cariño volveré por ti, aunque no te quiera y quizá no sepa lo que es querer o luchar, aprenderé; tengo toda una vida por delante. - Voy a bajar - en el siguiente paradero, voy a escapar de escapar y me dicen que eso es pelear. Pues entonces voy a pelear, no por lo que ahora quiero sino por lo que tengo, no va a acabar así; no podría. La primera canción del álbum, habla de mi, del prisionero; de quién nunca mas quiero oír hablar si no es en tiempo pasado. Presioné reproducir en esa casa, cuando mi papá cerró la puerta colérico y me empujó hacia el sillón, cuando me dijo que los padres de Fernanda lo habían llamado al trabajo y él sin pensarlo vino a esa, nuestra, casa y estaba ella, ajena, conmigo; apestábamos a sexo supongo, siempre olíamos a sexo en esa casa; pero yo; apestaba a indecisión. Prendí el mp3 para no escuchar su voz y me arrancó los audífonos de un manazo. No pude grabar en mi memoria la retahíla de insultos que siguieron a mi acto, yo estaba seguro de no merecer su trato, después de todo era solo un niño ¿no? Y él no era quién para tratarme así. Pero resulta que no soy más un niño y si no quiero que me trate así tengo irremediablemente que ganarme el derecho, no hay otra forma. La micro no para y - ¡Bajo! Puerta por favor- mi voz rompe abruptamente en el silencio relativo del vehículo, mi voz me hará volver a casa. ¿Hogar es donde el corazón esté? entonces soy un eterno huérfano, pero no le privaré de su hogar a mi madre, a mi padre, a mi Fernanda y a mi futuro hijo en su vientre. No. La micro se detiene en la onceava canción. Se abren las puertas y me apresuro hacia ellas. La micro se detuvo por última y definitiva vez para mi. La micro paró porque voy a ser papá.
Cruzo la pista hasta llegar al paradero de enfrente. Presiono "parar".
I Totally loved it. Vas mejorando, Diego :D
ResponderEliminarPero 2 consultas, la palabra "lloros" existe xdd?
Y cambiaste el nombre de "Francisca" a "Fernanda" en una parte :B
El tema NO es chistoso, sí :E
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola, borre mi comentario por que le encontre errores feos y tenía que agregarle algo xD
ResponderEliminarTe dejo este comentario de tu historia mientras hablo contigo del suicidio y otras cosas.
Amé tu historía al igual que las otras, amo tu modo de narrar, no veo mayores errores que la falta de separación párrafos que es algo más optativo que obligatorio, pero el separarlos lo hace menos pesado al leer :. Al igual que los errores que dice Felipe :B
Espero seguirte leyendo y conversando contigo <3
Adios Niño Escritor-lector-comestible :X!
Fé de erratas: Asumi, el cambio de nombres no lo puedes haber encontrado porque lo edité :H d1
ResponderEliminarEditar entrada FTW!
La palabra lloros si existe:
Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:
lloro.
m. Llanto, acción de llorar:
me conmueve más el dolor silencioso que los lloros y los lamentos.
& los parrafos juntos & el uso casi exclusivo de comas & punto y coma's para "separar" ideas es adrede para enfatizar la sensación de pensamiento fluído del protagonista e_e igual no había pensado que la narración de corrido si es muy extensa podía ser pesada x_x lo tendré en cuenta C:
Gracias a ambos por leer & comentar <3, igualmente espero seguir leyendote Asumi c: , Pipe: niñita -.- <3. Gracias también a mis lectores anónimos que pasan sin dejar huella <3
Diego Alonso
Me parece que es fácil empatizar con el protagonista por la forma en que están redactados los acontecimientos. Por lo mismo, me entristece su situación, más que nada porque no puede justificarse como un niño, pero tampoco puede asumir el rol del adulto empoderado.
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