- Todo empezó cuando un día por casualidad, bueno, no por casualidad; abrí el calendario de su celular, de todo el mes de septiembre, sólo tenía el once marcado, me causó curiosidad, después de todo, era el once, y tú sabes lo que significó esa fecha para su familia, bueno, a lo que iba, presioné encima y había un evento programado, sólo decía "El Gran Escape", y empezaba a las 08.15 a.m. No quise revisar sus contactos, ni sus mensajes, más bien, sí quise, pero lo consideré de mal gusto, o no me atreví, que a estas alturas es lo mismo, no lo hice, y puta, me arrepiento.
-¿Te arrepientes de no haber violado más su privacidad? -me dice Cristian con un tono burlón, ahora no lo soporto, siento náuseas y rabia y no sé cuál de las dos me hace querer golpearlo, pero él es la única esperanza que me va quedando de saber a dónde se irá Angélica.
- Si lo ponís así, suena como la mierda, lo sé, pero puta, ponte en mi lugar, no soportaría perderla. Al principio no le di importancia, pero me quedó dando vueltas, luego la noté rara, y ya congeló la carrera en la universidad, le regaló su perrita a la Lucía, ahora quedan solo dos días para la fecha, y por eso te pregunto ¿sabes algo?
- No Marquitos, no tenía idea que se iba de viaje. - no se inmuta, mismo tono burlón, mismo imbécil de mierda.
- ¿Pero vos me creís que se va de viaje o creís que te estoy puro hueviando?
- Pregúntale a ella Marquitos, es tu novia, no la mía.
- ¿Y qué mierda creís que es lo primero que hice? tú eres su mejor amigo, tenís que saber algo.
- Entonces deja que se vaya y no la molestes, de todas formas no hablo con ella hace un buen tiempo, parece que tampoco te lo dijo, ¿de qué mierda hablan ustedes?¿hablan?
- No erís el centro del mundo, imbécil.
Martes, queda un día para la famosa fecha y tengo el ojo morado, chichón en la cabeza, pero la inflamación va bajando, me duelen todos los músculos y Angélica no contesta, dos días sin hablar por celular, tres días sin hablar en persona. ¿De qué mierda hablamos? Tantas cosas que por tantos meses no le quise preguntar, no porque no me interesase, sino que por miedo, también me daba mucho miedo hablarle más de mí, aunque me encantaba que me preguntase y siguiese preguntando, como una caja interminable de curiosidad, como el gato que es matado en el refrán popular, sólo que ella está viva, preparando un viaje quién sabe hacia dónde y yo acá, tomando ibuprofeno y sin poder contarle que le reventé el labio al imbécil de su mejor amigo, o ex mejor amigo, o a lo mejor ya sabe, y quizás le di otro motivo para no contestarme. Me duelen todos los músculos, Angélica no contesta, me duele que Angélica no conteste ¿De qué mierda hablamos? No de Cristian, sin duda, tampoco de sus penas y miedos, tampoco de que estaba a punto de explotar. "A punto de explotar", es todo lo que me dijo el viernes, cuando se supone que nos íbamos a despedir, y yo cobarde no le pregunté a qué se refería con eso. La abracé, me abrazó con toda la fuerza que nunca tuvo para decirme que no se quería ir, y rompió en llanto que no pude menguar, pasamos la noche entera abrazados, calló que tenía miedo, pena, rabia, me dijo que me amaba, o quizá quise que me lo dijera y entonces inventé el recuerdo, de todas formas, a la mañana siguiente ya no estaba. Me duelen todos los músculos, Angélica no contesta el teléfono, dos días sin hablar con ella por teléfono, tres días desde la última vez que la vi, y bien podrían ser cuatro, si en la madrugada del sábado, antes de quedarnos dormidos en mi cama húmeda de sus lágrimas que no paraban de manar de sus ojitos achinados, todo lo que nos dijimos fue "Te amo", "Yo también". Me duelen todos los músculos, tomaré otro ibuprofeno de 600 miligramos e iré a buscarla otra vez.
- Hola, disculpe que la moleste de nuevo, ¿está Angélica?
- No hijo, te dije que te avisaría cuando estuviera.
- ¿No está en la casa o no está dispuesta a verme?
- No está.
- Respóndame, por favor, o si está ahí sólo pregúntele por qué, sólo quiero una respuesta.
- Te dije que no está, no insistas Marco.
- ¡Angélica! ¡Por favor respóndeme! ¡Sólo quiero hablar! ¡Sólo quiero saber! ¡Sólo quiero saber qué mierda pasa!- Grité, a todo pulmón.
- ¡No levantes la voz y menos con ese lenguaje! mi hija no saldrá. Si sigues haciendo alboroto llamaré a la policía, sabes que lo haré.
- ¿Su hija? ¡Usted nunca ha sido su madre, no se venga a hacer la madre ahora! - Grité, por última vez.
No se venga a hacer la madre de nadie, vieja de mierda. Las siluetas de los árboles, se ven particularmente deprimentes hoy, dibujadas por la tenue luz del alumbrado público, traído a todos nosotros por nuestros impuestos. Los mismos que pagaron mi estadía en la comisaría, veo la hora en mi celular, batería baja, dos llamadas perdidas, ninguna de Angélica, guardo el celular ¿y la hora? saco de nuevo el celular, batería baja, doce con cuarenta y ocho, llevo cuarenta y ocho minutos caminando, ninguna micro, me soltaron a las doce, es once de septiembre, veo el humo de las primeras barricadas no tan lejos, en el peor de los casos no pasaré frío, pienso, y si me agarran de nuevo, además de mala suerte, significa que podré dormir en la comisaría, pero, ¡la perdería para siempre! Tengo que llegar a su casa a tiempo, aunque eso signifique atravesar la ciudad a pié. Cruzo la calle, en dirección contraria al humo, por alguna estúpida razón estoy trotando, tengo que llegar a su casa, quedan sólo siete horas con veinticuatro minutos para El Gran Escape, para que me deje sin despedirse y sin explicaciones. Me pregunto por qué y cuando tomó esta decisión, bueno, el cuándo me importa menos, me importaría si lo hubiésemos discutido, cuánto tiempo lleva callándomelo, por qué mierda no me lo dijo, ¿no confía en mí? no la delaté frente a la vieja de mierda, no mencioné el viaje, no mencioné nada. ¿En qué comuna estoy? Vieja de mierda, si no me hubieran llevado a la comisaría, llegaría a tiempo a su casa, la esperaría afuera, entraría, no sé. Angélica no contesta, tengo frío porque salí sin chaqueta, tengo hambre porque salí sin comer, un curaito me metió conversa, se puso cerca muy cerca mío, temí que quisiese cogotiarme pero no pasó ná, terminó regalándome unas papas fritas rancias, se lo contaría a Angélica y ella reiría y apoyaría su cabeza en la mía, a la altura de mi nariz si estamos de pié, luego quedaría impresa en su semblante esa semisonrisa que me enloquece, en sentido figurado, pero no me contesta y en un rato más la habré perdido para siempre si no hago algo, si no ocurre un milagro, si no hago ocurrir un milagro. Parece que estoy en La Florida, no es tan lejos.
Estoy en Peñalolén, es algo más lejos, entonces, tengo que caminar más rápido, y preguntarme más posibles hipótesis, no lo he pensado lo suficiente, ¿por qué de pronto decide irse sin decirme nada? ¿Por qué cuatro días antes deja de hablarme? Tres, si cuento como hablar sus últimas dos palabras en la mañana del sábado. ¿Por qué tuvieron que ser "te amo"? Cualquier otro par de palabras me habría dejado menos intranquilo, o quizás no cualquiera, hubiera preferido un "Me iré" o "Hasta pronto" o "Terminamos", aunque esa es una sola palabra y debo dejar de divagar. Estoy en Peñalolén, quedan más o menos dos horas, me tengo que apurar. Angélica no me contesta el teléfono, pero ahora lo tiene apagado, qué molesto, debo haberle dejado ¿37 llamadas perdidas? perdí la cuenta en 25, dije que mi límite serían 40, quizás no lo pasé aún, pero, ¿para qué seguir intentando? es estúpido pensar en que pasará algo diferente si sigo haciendo lo mismo. Se cortó la luz y temo perderme y no llegar a tiempo. "El Gran Escape" decía el evento, vaya forma de enterarme, Escape, ¿hacia dónde? Angélica ama el frío, le gusta cómo se pone su pelo liso con la lluvia y que todas las mujeres que no lo tienen liso natural se cubran e incomoden, le da un carácter más privado, como si la lluvia fuese secretamente para ella, para que ella la disfrutara y la pudiera compartir conmigo, le gustaba que paseáramos horas y horas bajo la lluvia, pero tenía una condición, sin paraguas, la bronquitis coqueluchoidea del 2012 y la influenza del 2013. Ella tiene familiares en Copiapó, Talca y en el sur de Argentina, pero definitivamente está entre las dos últimas, no se iría a Copiapó, Angélica se irá al sur. Pero, también puede que aloje donde amigos, la Nino vive en Valdivia, y el Juan en Magallanes, Magallanes es más lejos, si el escape es grande, tiene que ser allá, o Argentina, donde nadie ni nada pueda alcanzarla, odiaría que se escapara donde el Juan, siento nauseas, ese hijo de puta la jotea mucho y ella no lo para en seco, como sí lo hace con todo el mundo, todo el mundo menos Juan, alto, ¿por qué se iría tan lejos? El Gran Escape. Escape ¿de qué? Estoy en la Florida, ni cagando llegaré a tiempo, Angélica no me contesta.
Quedan veinte minutos, o diecinueve, pero tengo que llegar al menos dos minutos antes de que parta, de que salga, corro, son doce cuadras, mis piernas duelen, todos los músculos me duelen, se pasó el efecto del ibuprofeno, cuadra uno, Angélica se va por problemas familiares, no soporta esa casa, a esa gente siempre ajena, ella soñaba con dejar esta ciudad de mierda; cuadra tres, la anorexia de su hermana, ella me contó que sentía culpa porque de niña siempre la molestaba con gorda, con vaca, con hipopótamo y rinoceronte, angélica se va por la culpa; cuadra cuatro, la fecha, once de septiembre, tropiezo y alcanzo a poner los brazos, estoy deshidratado, sus papás murieron, el año pasado se confirmó que el ADN correspondía al de los cadáveres, ambos fueron torturados, ella murió por las infecciones y él se murió de rabia, aparentemente no mucho tiempo después que ella, de ellos Angélica sólo sabe sus nombres, los capturaron cuando ella aún no aprendía a caminar, a veces me habla de ellos y del MIR, de los cordones y de cómo odia a la Concerta, a su familia adoptiva y al mismo Allende, de que le gustó la idea de bombardear la moneda, once de septiembre, lo encuentra la raja, pero eso del golpe y lo que pasó después no lo apaña, para nada, no es la raja; cuadra siete, los ramos que se echó, sentir que es un fracaso, que es mala para todo, pero es la mejor escuchando y transmitiendo ánimo, las palabras precisas y los gestos precisos en el momento preciso, la mejor en la cama y la mejor guitarrista; cuadra doce, yo, juro que estaba ebrio, sobrio jamás hubiese pasado, jamás le hubiese puesto un dedo encima, pero ya han pasado tres semanas de eso, le pedí perdón, le pedí perdón llorando y llorando me dijo que me perdonaba, que me ama y que todos cometemos errores, ser humano es saberse falible y aprender a aceptarlo o luchar contra ello hasta que el cuerpo termine de biodegradarse, fue porque estaba ebrio, jamás debí, mierda... ¡Llegué!
Toco el timbre, son las ocho con diecinueve, nadie contesta, golpeo la puerta, una vez, dos veces tres veces, suave, cuatro veces cinco seis insistente, furioso, descontrolado, ¡abre por la mierda! ¡Abre! me detengo en seco, no quiero que los vecinos llamen de nuevo a la policía, no hay tiempo, tengo que entrar, ¿cómo? la ventana, jadeo tosco y raspado me saco la polera envuelvo en el codo rompo la ventana de un codazo se siente caliente, se siente esperanza como cuando un milagro puede pasar todo puede pasar y me merezco un milagro necesito verla hablarle puede estar ahí tiene que estar ahí tiene que estar todavía ahí.
Y no tuve que entrar para verla, solo correr la cortina, ella estaba ahí, en la misma sala cuya ventana acabo de romper y al verla, por fin lo entendí. Para que haya un gran escape, tiene que haber habido antes un gran problema del cual escapar, pero eso no es suficiente, los problemas pueden ser pasivos, estáticos y ahí sólo basta cubrirlos, pretender que no están ahí. El problema tiene que ser también una cárcel o un perseguidor, uno no escapa de algo que es más pequeño que uno ni de algo que es pasivo. Uno no escapa si no se siente lo suficientemente asfixiado y amenazado. Cualquiera puede viajar a Talca o a Valdivia, incluso a Magallanes o al sur de Argentina, pero si la cárcel que te constriñe no es espacial, no te salvarás del perseguidor aunque llegues al mismo polo norte. Y la única cárcel más grande que el espacio infinito, son los propios confines de la consciencia, el saberte pensante, sintiente, el saberte miserable, el perseguidor más implacable, la cárcel más grande de todas, de la cual Angélica quiso escapar, es ella misma, Angélica escapó de Angélica, Angélica nos dejó a todos solos.
No, no tuve que entrar para verla, o ver lo que quedaba de ella, su cuerpo frío boca arriba adornando el charco de sangre semi-coagulada, en la esquina de la sala que da a la ventana que recién rompí, a no más de catorce centímetros de mi codo, también ensangrentado, pero tibio, caliente, vivo, doloroso. Su semisonrisa que me enloquecía, figuradamente hablando, y que ahora siento que me enloquece, en tiempo presente, en sentido literal, se dirige hacia mí, sólo que ahora con un dejo de artificial, de estático en contraposición a lo dinámico de mi recuerdo, acompañada de esos ojos color ceniza antes cerúleos, entrecerrados, entreabiertos, fijos, que me miran como traspasándome, como queriendo encontrar mi alma, como ignorando que no existe tal cosa como un alma, ignorando que el cuerpo al que le pertenecen, no irá a un más allá, no tendrá otra oportunidad para volver y jugar otra vez, mis ojos de pronto se humedecen por esos ojos grisáceos, que me perforan con su mirar y evidentemente no saben que a las ocho con quince, hace ya doce minutos exactamente, dejaron por siempre de ver.
Me gustó mucho cuando dices "para un gran escape tiene que haber habido un gran problema del cual escapar" y toda la descripción subsecuente del problema.
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